Salvar el mundo con la ayuda de una piedra
por Andrea ZamoraLo primero en lo que pensé cuando terminó Proyecto Salvación es cuando vi E.T. (1982). El recuerdo del filme de Steven Spielberg apareció sin pedirlo. Algo en la película de Phil Lord y Chris Miller activó ese 'souvenir' de la memoria. Pudieron ser muchas cosas. Como la relación entre un humano y un extraterrestre, la artesanía detrás de los efectos prácticos y una historia emotiva y amable. Pudieron ser, también, otras que todavía no he descubierto. Pero fuera lo que fuera, lo que sí sé es que la sensación con la que me quedé era buena. Muy buena.
Proyecto Salvación, una adaptación de la novela homónima de Andy Weir, muestra un mundo en el que la Tierra se asoma al apocalipsis: el Sol está muriendo y hay que buscar la forma de curarlo antes de que sea demasiado tarde. Ryland Grace (Ryan Gosling), un profesor de ciencias, se convierte en la única esperanza de la humanidad, pero él no lo sabe. Al menos, no cuando arranca el filme y despierta en una nave espacial sin memoria alguna. Muchas preguntas. Ninguna respuesta. La niebla mental va desapareciendo y Ryland comprende su ambiciosa y arriesgada misión, pero hay algo que sigue sin saber, qué le ha llevado a aceptar una tarea como esta, para la que no se siente preparado.
El misterio tiene respuesta, pero antes de llegar a ella, el héroe inesperado tendrá que pasar por muchas otras cosas. Entre ellas, aprender a comunicarse con un alienígena con el que se encuentra en el espacio y que tiene el mismo problema que él: es el único de su especie que puede salvar su planeta. Ryland bautiza al extraterrestre Rocky, por su forma rocosa, y es ahí donde empieza a latir el corazón de Proyecto Salvación. La relación entre el protagonista y el alienígena es adictiva y divertida. Es una declaración y demostración de lo que le falta a nuestro mundo hoy en día. Curiosamente, una historia escrita durante la pandemia es más relevante ahora que cuando nació.
Una 'buddy movie' en el espacio
Proyecto Salvación es una entrañable, emocionante y divertida 'buddy movie' con un Ryan Gosling tan carismático que, solo con su actuación, hace que nos enamoremos de un trozo de roca. Otro factor que genera ese cariño hacia Rocky es el uso de efectos prácticos. La costumbre por lo digital en el cine convierte a Proyecto Salvación en una película especial y única. Se nota la mano humana en el alienígena, pero también en los decorados y en las naves. Y cuando la cámara sale al exterior, Lord y Miller consiguen capturar lo que debe ser estar en el espacio: es hermoso, pero también aterrador.
Arriba, Ryland tiene a Rocky. En la Tierra, el recuerdo de una poderosa y determinada Sandra Hüller como Eva Stratt, la mujer encargada de poner solución a este estratosférico problema. De fachada dura, pero con un interior afable que asoma por alguna que otra grieta, la actriz protagoniza una de las grandes escenas de la película: en un momento de melancolía, su versión de 'Sign of the Times' de Harry Styles en un karaoke levanta el ánimo de los personajes y del espectador.
En Proyecto Salvación hay un gran equilibrio entre la comedia y el drama, que cuando mejor funciona es cuando los límites entre ambos opuestos se difuminan. La propuesta de Lord y Miller, sin embargo, no es perfecta. También hay momentos reiterativos que alargan una historia sin necesidad de hacerlo y hay alguna que otra resolución un poco vaga. El resultado final, no obstante, es una auténtica demostración de buen hacer.
Lord y Miller han construido con Proyecto Salvación una maravilla de la ciencia ficción que recuerda a los mejores títulos del género y que nos devuelve el amor por el cine. Ese que, para algunas, nació con películas como E.T.