Críticas
4,0
Muy buena
Love Me Tender

La burocracia vs. el abrazo de una madre

por Sara Heredia

Las críticas que había leído sobre Love me Tender ponían el foco en la libertad de su protagonista y en su búsqueda de identidad; en cómo posee el arrojo necesario para comenzar una nueva vida en la madurez. Sin duda, esos elementos están en la película de Anna Cazenave, pero para mí, lo que realmente domina el relato es el peso aplastante de la burocracia. Es la frialdad del papeleo interponiéndose en algo tan instintivo y humano como debería ser el abrazo a un hijo.

La historia sigue a Clémence, una mujer que decide divorciarse. Sin embargo, cuando su expareja descubre que ella busca el amor en otras mujeres, inicia una ofensiva legal para obtener la custodia completa. Bajo acusaciones de incesto y exposición a contenido sexual, la justicia la aparta de forma fulminante de su vida familiar. Es ahí donde comienza un proceso kafkiano en el que Clemence lucha simplemente por existir en la vida de su hijo.

Sin ser un thriller ni una cinta de terror, Love me Tender resulta angustiosa y asfixiante. La narrativa se apoya en la desesperación de las esperas: los meses aguardando una respuesta del juez, la brevedad de una hora compartida bajo la vigilancia de dos trabajadoras sociales y, sobre todo, la arbitrariedad del marido, quien retiene el poder de decidir si se cumple o no la fecha pactada. Es una pesadilla administrativa mientras, ante sus ojos, su hijo crece, madura y, trágicamente, empieza a olvidarla.

El magnetismo de Vicky Krieps

En el centro de este huracán está Vicky Krieps, quien confirma una vez más que es un portento interpretativo. Tras deslumbrar en El hilo invisible (2017) y consolidar su carrera en títulos como La emperatriz rebelde (2022) o Más que nunca (2022), Krieps demuestra aquí un dominio absoluto de la contención. Su rostro posee una templanza natural y un conocimiento de su propio cuerpo tan preciso que su mera presencia basta para comunicar el naufragio interno de su personaje.

Esta habilidad es crucial, pues aunque la película pueda parecer calmada en su superficie, no lo es en absoluto; te atrapa en un bucle de tristeza y resignación.

Hacia el final -sin entrar en destripes- es donde aparece ese atisbo de libertad del que otros hablan. La historia narra cómo una mujer se reencuentra y se reconstruye, pero no nos engañemos: lo hace con una losa enorme sobre los hombros. Aunque las líneas finales mencionen haber encontrado la "ligereza", la película nos recuerda que las emociones no son una línea recta, sino una montaña rusa. Clémence halla momentos de claridad en una vida todavía sumida en la penumbra.

Lo más valioso -y ahí reside la inteligencia del guion- es que la cinta permite múltiples lecturas. No juzga ni predica; solo expone los hechos. Al final, es el espectador quien decide con qué mensaje quedarse tras haber transitado este laberinto de sentimientos y leyes.