Críticas
3,0
Entretenida
Mortal Kombat II

Pim, pam, pum, bocadillito de atún

por Andrea Zamora

Si has hecho alguna chapuza en casa, es probable que haya signos de que fue eso: una chapuza. Ese agujerillo que arreglaste, pero que no ha quedado igualado con el resto de la pared. Ese mueble al que tuviste que poner una pata nueva y que ahora está un poco descolgada. La rotura de algo que has unido dando vueltas y vueltas a la cinta adhesiva. El tornillo que no se encajó bien. Los cables que tienes que dejar a la vista. La cosa rota, arreglada está. Eso es indiscutible. El problema es que se nota demasiado que se hizo rápido y sin esmero. Pim, pam, pum, bocadillito de atún. "Esto lo arreglo en un santiamén y a otra cosa".

Esta es la misma sensación que deja Mortal Kombat II, dirigida por Simon McQuoid. La secuela de la saga que adapta la famosa franquicia de videojuego de peleas pierde la frescura de su predecesora y, en su intento por ser más grande, más espectacular y más todo, se queda sin ser más grande, más espectacular y más todo.

La historia arranca con Kitana, interpretada por una Adeline Rudolph que se convierte en el corazón de la película. De niña fue testigo de cómo el malvado Shao Kahn mataba a su padre y se hacía con su reino. De adulta, se ha convertido en la hija del villano y también en una de las nuevas campeonas del Mortal Kombat. Esto es: los luchadores que deben enfrentarse en una batalla mortal contra otro luchador de otro reino. El que gane, gana un reino. Fácil. Sencillo.

Shao Kahn, que es un devorador de reinos, ha retado al nuestro, la Tierra, y nuestros campeones deben pelear contra los del villano por el control. Aquí entra en juego Johnny Cage, un actor de películas de acción cutres venido a menos que no quiere aceptar una responsabilidad como la de proteger la Tierra y está lleno de inseguridades. Karl Urban cumple, pero Johnny Cage es un contrapunto tonal que no termina de encajar del todo. Su presentación es divertida, la vuelta que le da el filme al personaje es inteligente y es interesante cuando abraza su cochambre solitaria, pero esto es una película coral y la socarronería de Johnny Cage no funciona cuando forma equipo y la cosa se pone seria.

Kano, un campeón malhablado que ya debutó en Mortal Kombat (2021) e interpreta Josh Lawson, es una jugada mucho más certera que la de Johnny Cage. Él, un personaje con unas características próximas al de Urban, sí consigue lo que el de su compañero de elenco no: fundirse con la historia. Aunque Kitana y Johnny Cage no son malas introducciones, no tienen mucho tiempo para desarrollar sus historias de forma plena. Intentando dar cabida a los dos, el filme les deja descolgados y cojos.

El espectáculo son las peleas

Mortal Kombat II camina demasiado rápido por el hilo que une la historia, pero a buen ritmo en sus peleas. Como un todo, no es un buen producto. Como una sucesión de combates sangrientos y brutales, sí. Teniendo en cuenta su fuente original, los fans reconocerán lo que están buscando: duelos entre campeones en escenarios diferentes. Mortal Kombat II funciona, pero a parches. Las peleas, la razón de ser del filme, están mal unidas dentro de la historia. Pues eso, como la chapucilla que has hecho en casa.

Los personajes que introdujo Mortal Kombat regresan en la secuela con roles totalmente opuestos. Los que eran protagonistas antes ahora son secundarios. Es una buena forma de dar paso a la nueva camada, pero, aun así, no hay tiempo para demasiadas explicaciones. Venga, rapidito. Con brío. Que no tenemos todo el día. Aquí lo importante son las patadas y los puñetazos.

El resultado es una historia atropellada y demasiado focalizada en los combates que parece más una excusa que una película. Mortal Kombat II es una sucesión de peleas conectadas con la misma poca sutileza que unos cables empalmados con un chicle masticado.