Críticas
4,5
Imprescindible
Toy Story 5

La inmortalidad de un juguete

por Andrea Zamora

La inmortalidad sería más fácil si no hubiera sentimientos de por medio. El Doctor de Doctor Who llegó a verbalizar que estaba harto de tantas regeneraciones para seguir salvando al universo mientras veía cómo la gente que quería moría. El vampiro Louis de Pointe du Lac de Anne Rice tiene que luchar constantemente contra la culpa por matar para sobrevivir. En esto de la eternidad, al final, el problema es la vocación, el tener que seguir adelante cueste lo que cueste. Hay algo, lo que sea, que tira de ellos. Rendirse existe, pero cuesta y para muchos no es una opción. Los juguetes de Toy Story, al final, también se las ven con lo mismo que un científico loco que viaja por el tiempo y el espacio y que un ser que se alimenta de sangre. Viven eternamente, pasan de niño en niño y tienen que crear vínculos nuevos mientras todavía no han superado los pasados. Jessie, la vaquera de Pixar, tiene que lidiar con eso en Toy Story 5.

Lee la crítica completa de Toy Story 5: 'Toy Story 5' es una de las mejores películas de Pixar

Toy Story 5 supone un regreso muy acertado a la esencia de la franquicia y plantea una historia de transición generacional en la que los personajes clásicos ceden protagonismo a una nueva figura central. Además, esta nueva entrega funciona como un reflejo de la sociedad actual, abordando temas muy presentes en nuestro tiempo. Pixar aprovecha la oportunidad para hablar de cómo la inteligencia artificial y los avances tecnológicos están transformando el mundo, así como de la necesidad de que lo tradicional encuentre su lugar junto a lo nuevo. En definitiva, Toy Story 5 es una película que justifica plenamente su existencia y se sitúa entre las mejores producciones del estudio.

En esta ocasión, Jessie se ha convertido en la nueva 'sheriff' de la habitación de Bonnie, un papel que asumió después de que Woody decidiera emprender un camino diferente al final de Toy Story 4 (2019), dedicándose a ayudar a los juguetes perdidos. Como líder, Jessie tiene entre sus objetivos favorecer que Bonnie establezca amistades reales, algo que no está resultando sencillo. Ante esta situación, los padres de la niña recurren a una solución tecnológica anunciada como la compañera de juegos perfecta: una tablet. La llegada de Lilypad cambia por completo la dinámica del cuarto, ya que Bonnie empieza a dejar de lado la imaginación para pasar largas horas frente a la pantalla. Aunque parece relacionarse con otros niños a través de ella, pronto queda claro que las conexiones virtuales no siempre se traducen en vínculos reales.

Desbordada por las circunstancias, Jessie busca la ayuda de Woody. El tiempo también ha dejado huella en él: le ha dado por ponerse un poncho, le clarea la coronilla y la barriga le sobresale por encima del cinturón. Sin embargo, conserva algo fundamental que los demás no poseen: experiencia. Lo que está viviendo Jessie recuerda inevitablemente a la llegada de Buzz Lightyear a la habitación de Andy hace tres décadas, cuando él mismo tuvo que enfrentarse a un cambio similar.

Lo que sí resulta nuevo para todos es el contexto en el que viven. La tecnología ha pasado a formar parte de cada aspecto de la vida cotidiana, incluida la infancia. A partir de ahí surge la cuestión central de la película: ¿qué papel pueden desempeñar Jessie y los demás juguetes en una época en la que las pantallas parecen haber sustituido a la imaginación? Toy Story 5 desarrolla esta reflexión con gran sensibilidad y equilibrio. Sin caer en posturas extremas, combina diversión y emoción mientras explora diferentes perspectivas sobre un debate complejo que suele simplificarse demasiado.

Uno de los mayores aciertos del filme es mostrar que la tecnología también puede quedarse anticuada con el tiempo. Al mismo tiempo, plantea que lo nuevo y lo antiguo no tienen por qué enfrentarse, sino que pueden coexistir e incluso complementarse. Pixar apuesta por un mensaje conciliador que defiende la colaboración, la adaptación y el valor de compartir fortalezas.

Para profundizar en estas ideas, la película explora con más detalle el pasado de Jessie, otorgándole una dimensión emocional que enriquece todavía más al personaje. El relevo en el papel protagonista era una decisión arriesgada, pero el resultado demuestra que ha sido un acierto. Además, esta transición se refleja en la propia historia: las figuras veteranas dan espacio a las nuevas generaciones sin desaparecer por completo. Llevando esta lectura un paso más allá, la película parece hablar también de sí misma. Aunque una quinta entrega podía parecer innecesaria, Pixar demuestra que aún hay historias valiosas que contar dentro de este universo, siempre que sepan dialogar con el presente sin renunciar a su legado.

Toy Story 5 es una joya de la saga. Pixar lo ha vuelto a conseguir. Puede que, al final, la inmortalidad no esté tan mal.