Críticas
5,0
Obra maestra
Little Amélie

Una lección de vida dictada por un bebé de tres años

por Sara Heredia

Nunca eres plenamente consciente de tu propia infancia hasta que tienes hijos. Ahí es cuando empiezas a pensar cuáles son los recuerdos más importantes que tienes de cuando eras niña, las historias que te marcaron o los gestos que entonces considerabas algo cotidiano y que te han perseguido hasta la adultez. Quieres que tus hijos vivan una niñez feliz y plena y entonces te fijas en lo que tienes más a mano: tu propia experiencia. Cuando empiezas a valorar todas esas pequeñas acciones que llenaban tu vida ocurre algo mágico. Además de ver a tus padres de manera distinta, las rutinas y cotidianeidad toman un halo mágico. Si no lo has sentido, la película Little Amèlie te lo cuenta.

Dirigida por los debutantes en el largo Maïlys Vallade y Liane-Cho Han, la película adapta las memorias que la escritora Amélie Nothomb escribió en Metafísica de los tubos. Conocemos a Amélie, un bebé que permanece en estado vegetativo hasta que su abuela le da un trozo de chocolate blanco. Entonces la pequeña conecta con el mundo y, a sus tres años, comienza a hablar. Su familia es belga, pero viven en Japón por el trabajo de su padre. Al igual que en la novela y en la personalidad de la propia Nothomb, se produce una mezcla de culturas que resulta en algo realmente interesante.

Little Amèlie se coloca dentro de ese grupo de películas que, a pesar de ser de animación y contar una historia aparentemente infantil, son tremendamente adultas. En todo momento seguimos la perspectiva de una niña pequeña y su pequeño mundo. Sus padres, su abuela, su querida niñera Nishio-san, sus viajes a la playa, sus juegos en el agua... Pero no se separa del contexto que vivía Japón en los años 60 y 70, unas décadas después de que terminara la Segunda Guerra Mundial. Hay momentos tremendamente reflexivos que son contados con una sencillez pasmosa. Por ejemplo, cuando la niñera Nisho-san le explica a Amélie que perdió a toda su familia en el conflicto. A pesar de la dureza del relato, la película mantiene en todo momento su ternura y dulzura.

Nos contaban los directores que no hay tema tabú para los niños, solo hay que saber cómo comunicárselo y Little Amèlie ofrece varias lecciones al respecto. No solo tiene una poesía visual que la acerca a las producciones del estudio Ghibli, sino que sus diálogos combinan el humor con la sensibilidad de una manera brillante. Este conjunto termina siendo una de las mejores películas de animación del 2026 y, posiblemente, una de las mejores de la última década.