Críticas
3,0
Entretenida
The Last Showgirl

Sobrevivir en la decadencia

por Andrea Zamora

Entre todo el vestuario del espectáculo de baile Razzle Dazzle, hay una pieza que Shelley aprecia especialmente: unas alas confeccionadas con una tela única. Es su prenda favorita porque es la más antigua del espectáculo. También lo es ella, la más veterana del grupo. Shelley lleva treinta años aplicándose purpurina, luciendo un sujetador lleno de pedrería y cubriéndose de plumas. Ahora, con 52 años, ha recibido la peor noticia posible: el 'show' llega a su fin.

The Last Showgirl, la nueva película dirigida por Gia Coppola, es un retrato conmovedor que destaca especialmente por la interpretación de Pamela Anderson. En su esperado regreso, la actriz reflexiona sobre el paso del tiempo, sobre lo que significa llegar a los 50 cuando tu trabajo ha estado ligado al cuerpo y a la imagen que los demás proyectan sobre ti.

Shelley debe enfrentarse a una dura realidad: en el mundo actual del espectáculo, ya no es joven ni deseada. Su amiga, interpretada por Jamie Lee Curtis, ya ha vivido ese proceso y no le ha ido bien: está en la ruina y duerme en su coche. Las nuevas generaciones de bailarinas, encarnadas por Kiernan Shipka y Brenda Song, tienen algo más de oportunidades, pero tampoco es fácil para ellas. La carrera profesional de Shelley está en ruinas, y su vida personal tampoco es mucho mejor: mantiene una relación fría con su hija, que le reprocha haberla dejado de lado durante años.

Lo más destacable de The Last Showgirl son sus actuaciones, desde Anderson hasta Dave Bautista. Sin embargo, más allá de eso, la película de Coppola resulta algo reiterativa y endeble. Shelley trata de mantenerse a flote en un mundo que la ha vuelto invisible y la considera obsoleta, pero no hay redención ni salvación para ella.

"Eres una leyenda", dice el encargado del teatro (Bautista) a la protagonista después de saberse que el espectáculo cierra. Y esa frase, que debería sonar a aplausos y vítores, sabe tan amarga que duele.