No todo el mundo lo sabe, pero los padres de Winona Ryder decidieron ponerle ese nombre en honor al sitio en el que nació, Winona, una ciudad en Minnesota con algo más de 25000 habitantes conocida como "la capital de las vidrieras estadounidenses". Sin embargo, ninguno de sus progenitores se apellida "Ryder": el nombre artístico se lo puso en honor a Mitch Ryder, un rockero del que su padre era fan y que formó la mítica banda Detroit. Y con este apellido, el mundo se iba a poner muy pronto a sus pies.
Guay, Nona
A pesar de haber vivido en una comuna sin televisión durante años, Ryder se apasionó muy pronto por el mundo de la actuación tras apuntarse al American Conservatory Theater en San Francisco. A los 14 años se atrevió a mandar su primera cinta para un casting, donde repasaba un monólogo de Franny y Zooey, la novela de JD Salinger. La película en cuestión era Flor del desierto y no fue escogida, pero su director, David Seltzer, tomó buena nota de ella para su siguiente producción, Lucas.
Lucas era una película deportiva de instituto mezclada con romance (el eslogan era, de hecho, "Va de enamorarse. Por primera vez") y estaba protagonizada por Corey Heim, Charlie Sheen y Kerri Green. Fue un fracaso morrocotudo en taquilla, pero supuso un espaldarazo para la carrera de la actriz, a la que Tim Burton vio de casualidad y decidió llamar para protagonizar Bitelchús. El resto ya nos lo sabemos, ¿verdad?
Ahora, Ryder se ha ganado por méritos propios aparecer la primera en los títulos de crédito de Stranger Things, y, tras el varapalo que supuso a su carrera que la arrestaran, ha conseguido sobreponerse y pasar a la historia como una de las actrices más talentosas de su generación. Solo falta saber cómo se lo ha tomado el alcalde de Winona.