Nicolas Cage no quería hacer Peggy Sue se casó. Es más: se negó varias veces, pero su tío, el director Francis Ford Coppola, insistió en que tenía que ser él. El actor, al final, solo puso dos condiciones: la primera, poder sobreactuar tanto como quisiera. La segunda, ponerse una prótesis nasal y sonar como Pokey, un pony naranja de la serie de dibujos animados Gumby. El resultado fue absolutamente inenarrable, hasta el punto en el que Kathleen Turner no pudo más con ninguno de los dos: si la película salió bien fue de puro milagro.
Cage y el chihuahua
"Causó tantos problemas", escribió Turner en su autobiografía hablando sobre Cage, "Fue arrestado dos veces por conducir borracho y, creo, una por robar un perro. Se encontró con un chihuahua que le gustó y lo metió en su chaqueta". El actor no dejó pasar esta historia y denunció de manera inmediata. Para sorpresa de la actriz, acabó ganando el juicio, que condenó a Turner a pedirle disculpas de manera pública, que la editorial admitiese que las afirmaciones eran falsas y difamatorias y que ambos donaran una buena cantidad de dinero a caridad.
Eso no hizo que Turner dejara de odiarle: durante una entrevista en 2018, afirmó, sobre la voz nasal que ponía su compañero, "Fue duro no decir 'Para ya', pero no era mi trabajo decirle a otro actor lo que debía hacer o no. Fue muy difícil trabajar con él, pero el director permitió lo que Nicolas quería hacer con el personaje, así que no podía hacer mucho salvo jugar con lo que se me había dado. Quizá su actuación ilustraba la desilusión de mi personaje con el pasado. Tal y como lo veía, sí, era ese imbécil".
Para sorpresa de nadie, nunca volvieron a trabajar juntos. La película fue un éxito por sorpresa, solidificó la carrera de Cage e incluso acabó teniendo una adaptación musical. La frustración de unos, el éxito de otros.