No se puede decir que el Imperio fuera precisamente sutil al montar, en Una nueva esperanza, una nave asesina llamada La Estrella de la Muerte. Y, claro está, un diseño así de icónico no se le ocurrió a George Lucas de la noche a la mañana. De hecho, primero se lo encargó a Colin Cantwell, que había colaborado ya en 2001: Una odisea del espacio y que pensó en una esfera perfecta... pero no consiguió encajaras como había planeado. La solución fue modelarla poco a poco, y entre todos se les ocurrió hacer una trinchera que marcara su ecuador. Esa trinchera ha tenido equivocados a los fans de Star Wars durante décadas.
La estrella de la suerte
Si os pregunto por dónde entraban Luke Skywalker y la flota rebelde a acabar con la Estrella de la Muerte, ¿dónde señalaríais? Exacto: a la trinchera central. No quiero hacerme el chulo: yo habría hecho lo mismo. Sin embargo, estamos todos profundamente equivocados: la trinchera que lleva a la explosión final del arma definitiva va de norte a sur, no de este a oeste, y hay varias pruebas para respaldarlo.
La primera y más importante, es que literalmente vemos cómo es la trinchera central cuando llega el Halcón Milenario... Y es enorme. Tan grande, que caben varios hangares con un buen puñado de naves cada uno: no es el sitio estrecho por el que se mete Luke, sino el centro de operaciones de toda la Estrella de la Muerte. Es imposible que se colara ahí sin ser detectado y neutralizado de manera inmediata.
Pero hay un dato más que lo respalda: la propia película, cuando el ejército rebelde muestra cómo será el ataque, enseña en pantalla una representación de la nave en un ahora vetusto 3D... y se ve perfectamente que el ataque debe ser en vertical, y no en horizontal. Pero, ¿por qué estamos todos equivocados, entonces, incluidos varios trabajadores de ILM? Bueno, hay diferentes teorías, pero personalmente culpo al propio diseño de la nave: es tan icónico y tan perfecto que es difícil imaginar que hay otros huecos aparte de la trinchera central. Y así estamos, 49 años después, aún preguntandonos cómo se nos pasó por alto.