Todo el mundo que sepa algo de coches en el cine reconocerá el Aston Martin DB5 plateado como el coche de James Bond por antonomasia, que condujo en Goldfinger y Operación Trueno. Sin embargo, antes de caer en las manos de Sean Connery apareció en el episodio 17 de la temporada 2 de El Santo, y, simplemente, se reutilizó añadiendo todo tipo de gadgets para hacerlo propio del MI6. Curiosamente hubo cuatro coches del mismo estilo: dos para rodar y otros dos para la publicidad. Poco imaginaban dónde iba a caer uno de ellos.
Mi nombre es To. Bara To.
Cuatro años después del rodaje de Operación Trueno, en 1969, uno de los ejecutivos más famosos de la radio americana, Jerry Lee, se lo compró a tocateja por 12000 dólares, y lo utilizó aquí y allá, viajando por los Estados Unidos... hasta que descubrió que perteneció al mismísimo James Bond y básicamente lo había comprado por una ganga. Poco después, allá por 2010, decidió ponerlo a la venta y, aunque se esperaba que la subasta superara los tres millones, al final tuvo que "conformarse" con 2,6 millones de libras (unos 3,48 millones de dólares).
Como la propia casa de subastas añadió después, "Es mucho dinero y no creo que nadie esté decepcionado". El dinero no fue a la cuenta corriente de Lee, sino directamente a su fundación, la Jerry Lee Foundation, creada para apoyar la educación y proyectos contra el crimen de todo el mundo. Al final, James Bond consiguió que el bien triunfara, aunque fuera de rebote.
EON
Por cierto, años después de Operación Trueno, el Aston Martin DB5 volvió a aparecer conducido por el agente 007 en Goldeneye, El mañana nunca muere, Skyfall (en cuya batalla final acaba totalmente destruido, aunque en Spectre aparece en pleno proceso de renovación) y, finalmente, en Sin tiempo para morir, donde lo utiliza para ir a Matera, la ciudad en el sur de Italia. Un coche, desde luego, de lo más viajado.