Voy a ser muy honesto: nunca creí que una película de Scream pudiera ser peor que Scream 3, la primera que hicieron sin guion de Kevin Williamson y que se saltó a la torera todo lo que había hecho famosa a la saga. Sin embargo, Scream 7, precisamente el retorno de Williamson, la superó con creces. Ni la revelación de los villanos es buena, ni los asesinatos son suficientemente creativos, ni los motivos para volver a la masacre son coherentes. Pero hay un detalle en particular que me sacó de quicio viéndola y al que aún no he encontrado sentido meses después. ¡Obviamente, habrá spoilers de Scream 7!
No, no me gustan las películas de terror. Así no.
Volvamos a la película, cuando intuyen que los vídeos de Stu están hechos por IA, y que solo alguien con conocimientos al respecto debe ser capaz de hacerlos. Entonces, Tatum, la hija de Sydney, entra en el coche de su novio Ben tras un intento de asesinato por parte de Ghostface, solo para encontrarse, en el asiento del copiloto, un ordenador a medio abrir. Al abrirlo del todo, está abierto un programa con el que Ben se ha hecho pasar por Stu gracias a la IA.
Esta parte, en sí, ya es un sinsentido: ¿Por qué alguien se dejaría un ordenador a medio abrir con una prueba incriminatoria en el coche donde su novia, amenazada de muerte, puede sentarse sin problemas? La cosa es aún peor cuando lo piensas: tiene sentido que haga pruebas para ver si realmente puede convertirse en Stu, pero... ¿Por qué hacerlo con sus mismas frases, en el mismo ambiente, preparado exclusivamente para que Tatum lo vea, mientras están buscando posibles sospechosos?
New Line
Scream 7 es un desastre, pero este detalle en particular sigue siendo uno de los más gratuitos de toda la saga. Esperemos que para Scream 8 se pongan las pilas, porque si no el batacazo puede ser demencial.