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    Cannes 2014: La hispano argentina ‘Relatos salvajes’ arranca risas y aplausos entre la prensa
    Por Alejandro G. Calvo — 17 may. 2014 a las 17:59

    Damián Szifrón (con producción de Pedro Almodóvar) coloca una divertida película a competición. El cine francés lo parte con Mathieu Amalric y su ‘La chambre bleue’ y epata con Bertrand Bonello en el biopic ‘Saint Laurent’.

    El realizador argentino Damián Szifrón –suya es la abominable Tiempo de valientes (2005)- sorprendió a propios y extraños al presentar ayer en sección oficial la comedia hilarante Relatos salvajes, una colección de cortometrajes cuyo leit motiv bien podría ser la ira inherente en el ser humano, con grandes dosis de humor negro y otros tanto de violencia desorbitada. La película, que cuenta con producción española por parte de El Deseo (hermanos Almodóvar al volante), vale tanto como la suma de sus partes:  hay relatos magníficos –el protagonizado por Leonardo Sbaraglia en plan El diablo sobre ruedas (1971) es puro hermanos Coen- y los hay más endebles –el de Ricardo Darín como hombre cabezón emperrado en que le eximan de una multa parece un remake de Don erre que erre (1970), sí, la de Paco Martínez Soria-, por lo que la obra si bien no destaca en lo cualitativo sí sirve como un perfecto engrasado lúdico entre tanta avalancha del cine de autor más exigente (ese mismo día se proyecto la película turca de Nuri Bilge Ceylan Winter Sleep de más de tres horas que sirvió como perfecta siesta para una gran cantidad de periodistas acreditados). El tono salvaje de la cinta fue recibido por el público con algarabía, aplaudiendo al finalizar cada corto y estallando en carcajadas en los momentos más deliciosamente brutales. Bajo ella se podría decir que existe una crítica nada velada a la sociedad burguesa, a la miserabilidad de los hombres y al sinsentido general que rige el comportamiento humano. Sea como sea, sirvió para relajarse y pasarlo bien un rato largo. Yo, en ocasiones, no le pido más a una película.

    Leonardo Sbaraglia, Érica Rivas y María Marull (Relatos Salvajes)

    Se esperaba con ganas lo nuevo de Bertrand Bonello a competición, quién enamoró hará ahora tres años al respetable con la magistral Casa de tolerancia (L’Apollonide) (2011), pese a que fuera  un nuevo biopic dentro del Festival. La figura a retratar, en este caso, es la del diseñador Yves Saint Laurent (1936-2008), lo que le sirve a Bonello para desplegar todo tipo de filigranas visuales –hay una pantalla partida siguiendo las líneas de las pinturas de Mondrian- mezclando pasarela, fiestas y música de los 60 y 70, en un deleite plástico de lo más refinado. Es una pena que todo ese andamiaje estético se sustente sobre, una vez más, la regla del biopic más cartesiana. Vaya, que Saint Laurent es pura forma –lo que no debería ser malo per se, pero también hay muchos valles narrativos a lo largo de los 150 minutos que dura la obra- al servicio de una historia que, al menos a este cronista, no la he interesado demasiado. Eso sí, la película le sirve a Bonello para derrochar glamour a la francesa tirando de los mejores intérpretes del momento: Léa Seydoux, Gaspard Ulliel, Louis Garrel, Valeria Bruni Tedeschi, Jéremie Renier, Dominique Sanda y un largo etcétera.

    Léa Seydoux y Gaspard Ulliel (Saint Laurent)

    Cerramos con la mejor película vista hasta el momento en Cannes: La Chambre Bleue de ese icono incuestionable del cine francés que es Mathieu Amalric. Sólo Thierry Frémaux sabrá porque esta adaptación de la novela de Georges Simenon La habitación azul no se encuentra en Sección Oficial –sí lo estuvo la magnífica Tournée (2010), anterior película del actor reconvertido en director-, a la que Amalric dota de una puesta en escena cercana al espíritu compositivo del primer Alain Resnais. Poco más de una hora de duración para un polar en 4:3 con un estructura narrativa que baraja pasado y presente a modo de puzle argumental, en el que se narra una historia de crimen pasional surgida de un amor extraconyugal. Una película fascinante e intrigante a partes iguales, que juega con una mayor ambigüedad moral que la que habita en la novela de Simenon –no hay respuesta a la conspiración más allá de la constatación del “amor fou” de la pareja-. Vaya, un sobresaliente para Amalric. De momento Un certain regard va mucho mejor que la sección competitiva.

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