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    Festival de Sitges 2014: 'Cold in July' hiela la sangre del certámen.
    Por Tomás Andrés — 9 oct. 2014 a las 8:01

    Impresionante thriller con aire ochentero dirigido por Jim Mickle. También vimos la entretenidísima 'A Hard Day' y la sonrojante 'Asmodexia'.

    Había muchas ganas de ver lo nuevo del cineasta Jim Micle en el Festival de Sitges, tras su paso el pasado año con la terrorífica We Are What We Are. Y si en aquella ocasión el realizador estadounidense nos brindaba un "american gothic" en toda regla, en esta ocasión se disfraza de la mejor versión de Walter Hill o Joe Carpenter para regalarnos un thriller con mucho sabor a la década de los ochenta. Y es que, Cold in July arranca como un tiro, como el mismo disparo que mete su protagonista (un muy creíble Michael C. Hall post Dexter, con mullet tejano) a un ladronzuelo de medio pelo que asalta su casa a media noche. Poco después aparecerá en la, hasta entonces, apacible vida de dicho hombre, el siniestro padre del muchacho, que regresa al pueblo para cobrarse su venganza. Y este punto de partida, le sirve a Mickle primero para brindarnos un thriller que mantiene al espectador impertérrito pegado a la butaca, dar un brutal giro para convertirse en una buddy movie, para acabar con una traca final en la que las armas de fuego abren paso a la más sangrienta de las venganzas. Y es que Sitges es de esos pocos lugares en los que se puede aplaudir a rabiar cuando aparece en pantalla Don Johnson vestido de cowboy, ovación que también se llevó el filme tras sus títulos de crédito. Gracias al dios cinéfilo, la película será distribuida en nuestro país por nuestros amigos de Good Films. Encomiable el trabajo de esta compañía en los últimos meses.



    De thriller en thriller y tiro por que me toca, y es que tras varias propuestas descafeinadas el público desplazado al festival ansiaba ver algo de acción procedente del lejano oriente. Y tuvo que ser el director Kim Seong-hun, que acudió al Auditori a presentar A Hard Day e incluso se tomó una foto "selfie" con el público allí desplazado,  el que lo entregase. El filme arranca con una sencilla premisa: un agente de policía atropella por accidente a un hombre y oculta el cadáver, sus problemas irán poco a poco en aumento y tendrá que ocultar el cuerpo en el ataúd de su propia madre recién decesada (gran momento de hilaridad pese a su gravedad). Lo que comienza con una comedia muy negra, que llega incluso en algunos momentos a tocar el slapstick, acaba tornándose en un potente policíaco en el que no falta de nada: persecuciones de coches, mafia yakuza, drogas y por su puesto artes marciales. Un divertimento cien por cien Sitges, y es que, se agradecen propuestas desenfadadas entre tanto cine de autor
    serio que se ve últimamente en la pantalla del Meliá.



    Lástima que la propuesta fantástica que vimos hoy no nos dejase tan satisfechos como los dos thrillers anteriormente comentados, y es que Asmodexia es un despropósito total. El director Marc Carreté nos propone una road movie de exorcismos rodada con buena voluntad y muy pocos medios, pero es que, ¡ay amigos, eso no es suficiente para entrar en la Sección Oficial de un festival con esta envergadura! A pesar de que el realizador acudió a presentar la película y se le llenó la boca hablando del trabajo de su equipo, el resultado es una serie z digna de Brigadoon (espacio del festival para propuestas de muy bajo presupuesto), y no de la sección en la que estaba encuadrada. De hecho, los espectadores que se desplacen al antiguo matadero de Sitges probablemente se rían y pasen un buen rato, al contrario que este producto que se toma bastante en serio. Actuaciones de telenovela y  maquillaje de fiestas locales de Halloween, hicieron pensar a la platea que se encontraban viendo un capítulo del culebrón Esencia de poder con posesiones. Cine de videoclub con ínfulas, cargado de verborrea pseudofilosófica y religiosa del más bajo nivel, del que es mejor huir.

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