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    Festival de San Sebastián 2015: El cine español capaz de lo mejor y lo peor
    Por Alejandro G. Calvo y Santiago Gimeno — 22 sept. 2015 a las 8:58

    Dos de cal y dos de arena. Mientras disfrutamos con 'El apóstata' y 'El desconocido' salimos rechazados de 'Amama' y 'Eva no duerme'.

    'El apóstata' de Federico Veiroj

    El cineasta uruguayo Federico Veiroj presentó a competición oficial su última obra: El apóstata, una coproducción española que, desde la rumorología a pie de Kursaal, parecía ser la gran rival de Truman por la Concha de Oro (yo sigo esperando a Ben Wheatley y su High-Rise). Veiroj es un cineasta interesante –dos largos en su haber: Acné (2008) y La vida útil (2010)-, con talento a la hora de desenvolverse en el retrato íntimo de personajes a contracorriente, convirtiendo anécdotas vitales en viajes a Ítaca donde el absurdo, el drama y el pavor a la sociedad se conjugan con bastante gracia. En El apóstata la anécdota argumental es deliciosa: Gonzalo (Álvaro Ogaya, que parece seguir la onda de Oscar Isaac en A propósito de Llewyn Davis) quiere apostatar, es decir, quiere que su nombre desaparezca de la base de datos de la iglesia católica en la que fue bautizado, como él dice, sin su consentimiento y a traición. El camino hacia a la resolución de la apostasía, como era de esperar (y no es ficción), en una pesadilla kafkiana, tanto por los impedimentos que pone la iglesia para todos aquellos que quieran zafarse de sus garras, como por la presión social y familiar recibida ante los devotos de la fe católica (los independentistas de la razón). Con todo El apóstata funciona mejor en su satirización de una realidad absurda que en la puesta en escena de los delirios del protagonista –la vía del exceso no le sienta bien a Veiroj-, siendo mucho más certera en su retrato de las relaciones personales del protagonista (su prima, su madre, el hijo de su vecina y la ibídem), que cuando quiere exagerar el tormento interior de sus personajes. Parece que este año no va a haber en Donosti un Magical Girl o una Blancanieves

    'Amama' de Asier Altuna

    También vimos a competición Amama, del cineasta vasco Asier Altuna, del que sólo conocemos su largometraje anterior, la comedia de bajo vuelo Aupa Etxebeste! La gran apuesta vasca del certamen es una película extrañísima que posee dos relatos bien distintos en su interior. Por un lado tenemos el drama familiar que enfrenta a un padre frente a sus hijos, pues si bien el cabeza de familia es un hombre a la vieja usanza, que cree en el trabajo con las manos, en cuidar la tierra y en el esfuerzo denodado como modo de vida, sus hijos quieren (cada uno a su manera) desligarse de la carga que conlleva lidiar con el caserío familiar. Por otro tenemos la obra experimental que realiza la hija pequeña, una artista pretenciosamente vanguardista que no deja de trabajar con materiales de lo más rocambolescos con su abuela como protagonista. La distancia existente entre el modo de vida de los protagonistas se traslada a la pantalla con dos puestas en escena bien diferentes: el relato familiar está encuadrado de forma austera, fiel al canon de lo que se entiende como cine moderno europeo; mientras que la obra de la joven se acerca al video-arte de cualquier centro de exposiciones contemporáneo. Una mixtura extraña y de difícil digestión que acaba por tornarse algo ridícula en una secuencia final, mitad liturgia funeral, mitad showcase del Sónar (con Mursego a las cuerdas), que no hay quien la comprenda.

    'El desconocido' de Dani De La Torre

    El salto al largometraje del realizador gallego Dani De La Torre es una de las mejores noticias para el panorama cinematográfico nacional de este 2015. Y es que El desconocido, que se presentó en el pasado Festival de Venecia y aquí figura en la ambigua sección conocida como “Velódromo”, corre en la misma línea que otros hits del mainstream agorafóbico de nuestro cine reciente como Buried, Open Windows o Grand Piano (aunque si a alguna se parece, por ritmo, intensidad y corpus dramático es a Última llamada, la infravalorada cinta de Joel Shumacher). Este thriller-con-psicópata-y-pinganillo sigue la furiosa mañana de un directivo bancario que al subirse al coche con sus hijos recibe una llamada que le informa de que hay bombas debajo de los asientos y que o se le transfiera una cantidad ingente de dinero o volarán todos por los aires (no es spoiler, es sinopsis argumental). Como siempre en estos casos el nudo gordiano de la cinta pasa porque el realizador sepa conducir la acción a través de toda la obra sin que esta desfallezca y sin que los sorpresivos giros argumentales caigan en lo ridículo. La buena noticia es que Dani De La Torre lo consigue: El desconocido no sólo es vibrante y aterradora, sino que además es cien por cien creíble. Su poso realista, tan ligado a la España de hoy (¿la mejor película sobre la corrupción?), otorga capas al thriller anfetamínico llegando a hacer dudar de si el protagonista es realmente héroe o villano (o las dos cosas), haciendo que simpaticemos con el psicópata al teléfono pese a que su crueldad está fuera de toda duda. En definitiva, un hit del cine comercial que vuelve a probar que en España cada vez hay más y mejores directores de cine de género. Yo, personalmente, creo que es para celebrarlo.

    La somnolencia de 'Eva no duerme'

    “Ya le dije que esa mujer estaba desnuda. Una diosa, y desnuda, y muerta”. El argentino Pablo Agüero (Madres de los dioses) también compite en la Oficial con Eva no duerme, un drama histórico que, basado en la propia investigación del director y guionista, reconstruye la historia real tras el secuestro del cadáver de Eva ‘Evita’ Perón.

    Después de su fallecimiento en 1952, el cuerpo de Evita fue secuestrado por un comando tres años más tarde. El mito creció y creció y el “Operativo Retorno” no se organizó hasta 1971. El cuerpo fue encontrado en Milán (Italia) y, tras ser desenterrado de una tumba clandestina, regresó a Argentina 19 años más tarde, en 1974. Y ahí no acabó todo, pues en 1976 la dictadura militar la devolvió a los Duarte, que la enterraron definitivamente en el Cementerio de la Recoleta de Buenos Aires, donde aún sigue.

    Poético y teatral a partes iguales, el filme de Agüero es tan pictórico, que a veces parece un cuadro de Caravaggio. Sus juegos de luces y sombras aprehenden la mirada pero, como obra narrativa, Eva no duerme es un suspenso estrepitoso. Lírico y elegíaco hasta el colmo, bebe, y mucho, del popular cuento Esa mujer del argentino Rodolfo Walsh.

    Dividida en cuatro actos -el embalsamamiento, el traslado, el secuestro de Pedro Eugenio Aramburu por los Montoneros y el regreso de Evita a casa-, la estructura aturde por enmarañada y zigzagueante; por otro lado, como ocurrió de verdad. Pero, además, se intuye un afán documental -no cumplido- que, por si fuera poco, cojea por la ausencia de datos que contextualicen y ciñan la trama. Eva no duerme. El espectador ronca.

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