La mejor etapa de Dragon Ball no es la más famosa, tristemente. Aunque todos conocemos a Freezer, Célula, Boo y las transformaciones constantes de los Saiyans, lo cierto es que la primera etapa de la saga, donde Akira Toriyama aún tenía mucho tono reminiscente de Dr. Slump, es una comedia de aventuras donde las peleas son lo menos importante. Sin embargo, en el capítulo 136 del manga (y 102 del anime) algo estaba a punto de cambiar para siempre con la muerte de Krilin y la llegada de Piccolo, Rey de los Demonios.
Me has roto el corazón
Durante los siguientes 20 capítulos del anime, el tono se pondría mucho más serio, centrándose en la lucha sin cuartel entre Son Goku y Piccolo, un malvado ser demoniaco que era capaz de diezmar a nuestro protagonista amenazando con matar a Ten Shin Han si no se dejaba matar. Una situación desesperada que culminó en el capítulo 122 (161 del manga) con un final con el que, si eres un niño de los 90, probablemente no diste crédito.
Piccolo inutilizó todas las extremidades de Son Goku excepto un brazo. Suficiente para hacer un kamehameha reverso y traspasarle, en un momento fantásticamente gore que no se volvió a repetir: al fin y al cabo, el resto de los villanos fueron destruidos por bolas de energía, y no de manera tan increíblemente cruda. Poco imaginaba el propio Toriyama que el acto final del malo de turno, lanzando un huevo por la boca, daría lugar a uno de los mejores personajes de la serie: Piccolo Jr.
Cierto es que en esta pelea los fans se las han visto crudas para justificar lo que ocurre: unos años después, Dragon Ball presentaría a los namekianos, que pueden regenerar su cuerpo, de los que Piccolo forma parte... Lo que quiere decir, efectivamente, que podría haberse curado después de que Goku le traspasara. Digamos, simplemente, que se olvidó. Así es más fácil.