Cuando Eiichiro Oda empezó a dibujar One Piece, creyó que duraría cinco años, poco más o menos. Y aquí estamos, casi 30 años después, con la saga final continuando pero sin visos de acabarse todavía. En este tiempo ha dado tiempo a hacer 1180 capítulos del manga, 1155 episodios televisivos y una cantidad ingente de spin-offs, adaptaciones y videojuegos. Y puede que no nos hagamos una idea de lo que eso significa.
Imposible de leer de una pieza
Lo más parecido a hacernos una idea es Onepiece (así, de seguido), una obra artística creada por Ilan Manouach que, en el pasado, ha creado obras como Katz, una versión de Maus con los ratones sustituidos por gatos, o Noirs, una perversión de Los pitufos negros cambiando todos los colores por el azul. Sin embargo, su "obra maestra" (según como quieras verlo) es un mamotreto con todos los tomos de One Piece publicados hasta 2024 unidos.
En total, 21.540 páginas en un tomo gigantesco de 80 centímetros de largo, que pesa casi 17 kilos y cuya lectura, aunque posible, es francamente incómoda, sobre todo porque está pensado como obra de arte y no como recopilación. Si lo quieres, eso sí, prepárate para aflojar la gallina, porque solo hubo 50 copias y cada una costó 1900 euros. Ahora, se supone, se habrán revalorizado. Por cierto, no temas por el copyright: al ser un trabajo conceptual y probablemente nadie lo lea así nunca, en Shueisha lo dejaron pasar, al menos de momento.
Ilan Manouach
¿Y qué es lo que quería demostrar Manouach más allá de llevarse 95.000 euros por pegar un manga junto? Pues pretendía hablar de la cantidad de contenido online existente y la digitalización de la industria del cómic, que desafía la artesanía clásica. Pues nada, ya sabéis: si algún día estáis en un museo de arte moderno y os topáis con Luffy, que sepáis que no es por casualidad. Quizá, con suerte, hasta puedas leerte un trocito.