Creo que no me pillo las manos si afirmo que la última temporada de Juego de Tronos nos dejó a todos con un sabor agridulce: aunque las escenas de acción estaban cuidadísimas, los personajes estaban tan desdibujados al final que sus acciones ni siquiera tenían sentido. Estos 6 episodios, medio basados en confesiones sobre el futuro de la saga de George RR Martin a sus showrunners y medio inventados, recibieron el mayor número de nominaciones al Emmy de la historia, con 32, de los que ganó 12. Para que luego hablemos de finales amargos.
Los Lannister, al carrer
Una de las señas de identidad de la serie desde el principio fue su cambiante opening, que mostraba no solo los lugares donde se iba a desarrollar cada episodio con la fanfarria habitual, sino que enseñaba, episodio a episodio, los cambios que habían pasado en los mismos: un movimiento maestro que libraba de "Anteriormente en" y dejaba que las imágenes hablaran por sí solas.
Pero muchos de estos cambios estaban dedicados tan solo a los ojos más avizores, porque no eran fáciles de ver. Por ejemplo, en el último episodio de la temporada 8, cuando en el Trono de Hierro se solía ver el emblema de los Lannister (un león a dos patas), ahora aparecía totalmente vacío tras la muerte de Cersei y Jaime, poniendo fin a la dinastía y permitiendo que un nuevo rey se alzara sobre los Siete Reinos.
HBO
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Por cierto, por si tienes curiosidad, tan solo hubo tres lugares que aparecieron en todos los opening de la serie: Desembarco del Rey, Invernalia y El Muro. En el lado opuesto, Pentos tan solo salió 2 veces. En los Siete Reinos, definitivamente, siempre ha habido clases.