Nadie lo esperaba, pero esa pequeña niña que vivía en Nuremberg, que creció hablando alemán y participaba, solo de vez en cuando, en las actuaciones de ópera de su madre, acabaría ganando el Óscar y convirtiéndose en la actriz mejor pagada de todo Hollywood en 2010 y 2014. Y todo empezó en Nueva York, donde no le quedó otra que sobrevivir sirviendo en bares de mala muerte mientras esperaba su gran oportunidad. En 1987, a los 23 años, Sandra Bullock lo consiguió. Y jamás tuvo que volver a ser camarera.
Es verdad, no es un bullock
En mayo de 1987, el desconocido director danés J. Christian Ingvordsen estrenó Hangmen (En la cuerda floja en España), un thriller en el que un hombre debe acabar con un equipo secreto dentro de la CIA y en el que hay, por supuesto, secuestros y acción cutre a cascoporro. La película no tuvo ningún tipo de tirón, pero supuso el debut de Sandra Bullock. De hecho, cuando a mediados de los 90 saltó a la fama con Speed o Demolition Man, trataron de rascar más dinero reeditando el VHS con ella como principal reclamo.
No solo lo hizo su distribuidora, además, porque durante un tiempo, de manera inexplicable, la película perteneció al dominio público, lo que derivó en decenas de ediciones distintas capitalizando el éxito de la actriz. Éxito que, por cierto, no llegó de inmediato: su siguiente trabajo, en 1989, fue el crossover entre La mujer biónica y El hombre de los seis millones de dólares, titulado originalmente (por supuesto) Bionic Showdown.
De hecho, en su momento se habló de que la película podría servir como piloto para una serie sobre su personaje, Kate Mason, pero nunca acabó de materializarse. Por suerte para Bullock, este fallo acabó convirtiéndose en un brutal éxito que le hizo ganar millones y millones. De hecho, este mismo año la veremos en Prácticamente magia 2, un papel que a estas alturas no necesita en absoluto... Pero claro, ¿cómo resistirse?