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Sin dudar ni por un segundo, esta es una de las peores películas que he visto en el último mes. La película, que nace como un proyecto titulado 11817, se planteó como una historia de ciencia ficción y terror que giraba alrededor del confinamiento por el Covid. Es más que clara la idea de convertir esa experiencia de encierro en una película de monstruos. Pero su premisa es muy interesante porque nos invita a valorar qué queda de una familia cuando desaparece todo lo que sostiene su vida cotidiana.
Lo único que me gustó fue la casa. La película está construida alrededor de un único espacio y hay ciertos momentos donde ese espacio es más interesante que los propios personajes. La casa hace las veces de simbología física de la familia. Primero es un hogar, después es un refugio, luego es prisión, granja, almacén, ruina y acaba siendo una especie de pecera.
Todo iba más o menos bien hasta que llegó el letrero de “cinco años después”. Desde ese momento la película dejó de ser seria. El cambio constante de estructuras la hizo poco empática. Pasó de ser un thriller de confinamiento a una historia de supervivencia que más tarde se vuelve un horror de criaturas para acabar como una fábula ecológica. Pero incluso el cambio de género no es el inconveniente, sino que las transformaciones no son orgánicas. Cada género plantea una serie de preguntas diferentes y la película no decide responder a ninguna hasta sus últimas consecuencias.
Ann debería ser el otro gran polo dramático de Jason, algo que nunca pasa.
El último acto, es malísimo con todas las de la ley. La explicación de las criaturas es estúpida e innecesaria. La película intenta dar una idea relacionada con los leviatanes y criaturas antiguas de la Biblia, pero nunca termina de concretar qué pretende decir con eso. Se queda con un diálogo que sinceramente sobraba.
La premisa de La última casa es muchísimo mejor que la ejecución. Durante unos noventa minutos la película articula algunas cuestiones interesantes, pero las respuestas que termina ofreciendo son nulas. Una vez acabado todo el misterio, el terror y el conflicto familiar, nos queda una moraleja demasiado básica.
Lo único que me gustó fue la casa. La película está construida alrededor de un único espacio y hay ciertos momentos donde ese espacio es más interesante que los propios personajes. La casa hace las veces de simbología física de la familia. Primero es un hogar, después es un refugio, luego es prisión, granja, almacén, ruina y acaba siendo una especie de pecera.
Todo iba más o menos bien hasta que llegó el letrero de “cinco años después”. Desde ese momento la película dejó de ser seria. El cambio constante de estructuras la hizo poco empática. Pasó de ser un thriller de confinamiento a una historia de supervivencia que más tarde se vuelve un horror de criaturas para acabar como una fábula ecológica. Pero incluso el cambio de género no es el inconveniente, sino que las transformaciones no son orgánicas. Cada género plantea una serie de preguntas diferentes y la película no decide responder a ninguna hasta sus últimas consecuencias.
Ann debería ser el otro gran polo dramático de Jason, algo que nunca pasa.
El último acto, es malísimo con todas las de la ley. La explicación de las criaturas es estúpida e innecesaria. La película intenta dar una idea relacionada con los leviatanes y criaturas antiguas de la Biblia, pero nunca termina de concretar qué pretende decir con eso. Se queda con un diálogo que sinceramente sobraba.
La premisa de La última casa es muchísimo mejor que la ejecución. Durante unos noventa minutos la película articula algunas cuestiones interesantes, pero las respuestas que termina ofreciendo son nulas. Una vez acabado todo el misterio, el terror y el conflicto familiar, nos queda una moraleja demasiado básica.
La última casa parte de una idea sencilla pero eficaz: convertir el lugar que debería ofrecer seguridad en un espacio del que no se puede escapar. Louis Leterrier utiliza ese encierro para construir primero una película de tensión psicológica, centrada en una familia obligada a convivir con la incertidumbre y con unos recursos cada vez más limitados.
Esa primera parte funciona especialmente bien porque la amenaza no necesita mostrarse demasiado para hacerse presente. Importa lo que sucede fuera, pero también lo que el aislamiento provoca dentro: el miedo, el desgaste y la necesidad de adaptarse a una situación que nadie comprende. La casa va dejando de ser hogar para convertirse en una especie de frontera, y ahí la película encuentra algunos de sus mejores momentos.
Greta Lee y Wagner Moura ayudan mucho a sostener esa dimensión más humana. La historia no depende únicamente del misterio, sino de cómo sus personajes reaccionan ante él y de la forma en que una familia intenta conservar cierta normalidad cuando todo lo que conocía deja de funcionar. Sin grandes exhibiciones, ambos consiguen que esa parte resulte creíble y cercana.
Después, La última casa se desplaza de manera más clara hacia la ciencia ficción. El cambio de registro podría haber roto el equilibrio, pero la película consigue mantener el interés. Quizá no todas sus ideas sean especialmente nuevas ni llegue tan lejos como podría con algunas de ellas, pero tampoco se desmorona cuando empieza a ofrecer respuestas. Sigue siendo entretenida y conserva suficiente tensión para que el paso de un género al otro resulte natural.
Leterrier dirige con oficio y sabe aprovechar un espacio limitado sin hacer que la película parezca constantemente encerrada sobre sí misma. No hay aquí una obra especialmente profunda ni una película destinada a permanecer mucho tiempo en la memoria, pero sí un thriller bien construido, con una premisa atractiva y dos partes distintas que terminan complementándose mejor de lo que cabría esperar.
En conjunto, La última casa funciona. Tiene un buen tramo de tensión psicológica, otro más abiertamente de ciencia ficción y mantiene el interés durante todo su recorrido. No sorprende siempre, pero tampoco necesita hacerlo: cumple con lo que propone, entretiene y deja una sensación bastante satisfactoria.
Esa primera parte funciona especialmente bien porque la amenaza no necesita mostrarse demasiado para hacerse presente. Importa lo que sucede fuera, pero también lo que el aislamiento provoca dentro: el miedo, el desgaste y la necesidad de adaptarse a una situación que nadie comprende. La casa va dejando de ser hogar para convertirse en una especie de frontera, y ahí la película encuentra algunos de sus mejores momentos.
Greta Lee y Wagner Moura ayudan mucho a sostener esa dimensión más humana. La historia no depende únicamente del misterio, sino de cómo sus personajes reaccionan ante él y de la forma en que una familia intenta conservar cierta normalidad cuando todo lo que conocía deja de funcionar. Sin grandes exhibiciones, ambos consiguen que esa parte resulte creíble y cercana.
Después, La última casa se desplaza de manera más clara hacia la ciencia ficción. El cambio de registro podría haber roto el equilibrio, pero la película consigue mantener el interés. Quizá no todas sus ideas sean especialmente nuevas ni llegue tan lejos como podría con algunas de ellas, pero tampoco se desmorona cuando empieza a ofrecer respuestas. Sigue siendo entretenida y conserva suficiente tensión para que el paso de un género al otro resulte natural.
Leterrier dirige con oficio y sabe aprovechar un espacio limitado sin hacer que la película parezca constantemente encerrada sobre sí misma. No hay aquí una obra especialmente profunda ni una película destinada a permanecer mucho tiempo en la memoria, pero sí un thriller bien construido, con una premisa atractiva y dos partes distintas que terminan complementándose mejor de lo que cabría esperar.
En conjunto, La última casa funciona. Tiene un buen tramo de tensión psicológica, otro más abiertamente de ciencia ficción y mantiene el interés durante todo su recorrido. No sorprende siempre, pero tampoco necesita hacerlo: cumple con lo que propone, entretiene y deja una sensación bastante satisfactoria.
#52moviesin52weeks #60 #2026 #TheLastHouse #Netflix ¿De que trata? En un mix de la época del COVID (con todos encerrados) y el estar atrapado en el barco de Davey Jones de #piratesofthecaribbean, una familia debe permanecer encerrada en su casa mientras la naturaleza (y seres que parecieran de agua) avanza de tal forma que la humanidad corre el riesgo de extinguirse. ¿Me gustó? Tiene una premisa "novedosa" y dos actores muy buenos (Wagner Moura y Greta Lee) pero no es suficiente para salvar un film demasiado largo, aburrido y con un final simplòn y sin mayor explicación lógica (bueno, para empezar la película no tiene lógica tampoco). De esas películas típicas de la plataforma, no debes esperar mayor cosa y a lo mejor te para gustando, pero que al final en un par de semanas se te olvida de que trató. Se me hace más digna de Hallmark o de televisión local a las 3PM. ¿Recomendable? Hay muchas opciones mejores en la televisión actual, y si bien es cierto puede entretenerte se forma parcial, si la vas a ver hazlo haciendo otra cosa para no darte la aburrida del siglo. Le doy 1/2 de
Le doy 3 estrellas por la primera hora de la peli, pero el final me ha fallado un poco, aun así es una buena peli.
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