Tan mala como insoportable.
Desde el inicio, se me anuncia con claridad el tipo de experiencia que me van a ofrecer. Suelo dictar muchas veces sentencia demasiado pronto, quizá, desde los primeros minutos. Es inevitable, son siempre las primeras impresiones. Su inicio es uno de los más difíciles de atravesar que he visto en mucho tiempo. Hay una falta de tensión, de atmósfera y de curiosidad narrativa. Todo tarda demasiado en ofrecer un motivo real para quedarse dentro de la película. Pocas veces me ha costado tanto entrar en ambiente.
Pesa más la sensación de que nada parece mejorar, que la del aburrimiento. El arranque no me genera interés alguno; más bien, una apatía progresiva. Cuando una película empieza así, recuperar la atención del espectador se convierte en una tarea complicadísima. Y con el paso de los minutos, el ritmo se vuelva más llevadero, pero lo hace de forma curiosa: porque empiezo a aceptar el aburrimiento. Me acomodo a la resignación narrativa. El desarrollo avanza y mi implicación emocional se va diluyendo.
Gran parte del problema reside en la propia credibilidad de la historia. Todo se me hace completamente artificial, no tanto por su premisa --creo que podría haber funcionado mejor en otras manos, no lo sé--, sino por la forma en que se ejecuta. Muchos de los acontecimientos parecen responder más a la necesidad de que la trama continúe que a una evolución natural de los personajes o de la situación. Percibo ese mecanismo narrativo que empuja la historia hacia delante porque, simplemente, tiene que hacerlo.
Las actuaciones tampoco ayudan a sostener nada. La presencia de Blanca Suárez se me hace de difícil trago. Una interpretación excesiva, impostada, más cercana a la gestualidad teatral que a la naturalidad cinematográfica. Su presencia se me hace cada vez más exasperante, como si a cada palabra que dice o gesto que hace pierde más autenticidad. En contraste, Claudia Mora consigue algo bastante más interesante: construir un personaje profundamente desagradable. Lo digo como un elogio. Su presencia se me remite al rechazo, incomodidad, incluso a cierta rabia en su figura. Es un tipo de interpretación que despierta emociones, aunque sean negativas., Paradójicamente, eso la convierte en uno de los elementos más efectivos de la película. Es de esos personajes que uno disfruta odiar, aunque al mismo tiempo desee que desaparezca de pantalla lo antes posible.
El problema es que nada de eso consigue compensar las debilidades del guion. La trama intenta apoyarse de giros narrativos y cambios de perspectiva para mantener el interés, pero esos recursos no logran ocultar la falta de verdadero ingenio en la escritura. Muchas de las situaciones las siento forzadas, demasiado calculadas, como si la historia estuviera armada a partir de engranajes visibles en lugar de fluir orgánicamente. Y curiosamente, lo único que despierta mínimamente mi interés son los últimos minutos. Y es irónico, porque es precisamente esa parte la que parece generar más rechazo entre muchos espectadores. He leído opiniones decir que la película comienza bien y se arruina en los últimos momentos. Mi percepción es exactamente la contraria: empieza mal, continúa de forma mediocre y antes de los créditos finales, mejora un poco.
Aun así, no logra mejorar las sensaciones tan negativas que me llevo. En el fondo, 'Parecido a un asesinato' es una película que se puede ver, incluso está correctamente dirigida en algunos tramos, pero que cuenta una historia que ya he visto demasiadas veces, y casi siempre de formas mucho más ingeniosas. De hecho, a mi padre le dije: "Te voy a recomendar una película para ver cuánto tiempo aguantas sin quitarla". Aunque más bien no era una recomendación. Era un experimento.