Sorda
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cine
Un visitante
3,0
Publicada el 2 de mayo de 2025
Esta bastante bien y tiene subtítulos para los sordos precisamente.
FRANCISCO VILLAESCUSA CRIADO
FRANCISCO VILLAESCUSA CRIADO

820 usuarios 319 críticas Sigue sus publicaciones

4,0
Publicada el 16 de agosto de 2025
Sorda, largometraje Drama discapacidad español del , de una duración de 99 minutos, con una valoración personal ver 7/10, bajo dirección y guion de la murciana de Molina del Segura Eva Libertad en su opera prima, con un presupuesto de 2 millones, y premiada en los festivales de Málaga y Berlín del . Es una adaptación de un cortometraje previo de la directora, en la que destaca por sus interpretaciones, especialmente las de Míriam Garlo (intérprete sorda en su primer largo) y Álvaro Cervantes (intérprete oyente). 
Su narrativa nos lleva a la contraposición de dos mundos diferentes en su sensibilidad y la discapacidad. Una unión compleja en la que surgen debilidades, en sus vidas cotidianas. Reuniones de amigos confrontan que dos mundos separados, el del silencio frente al del sonido.
Su directora que es sorda nos demuestra que tiene muy claro lo que quiere trasmitir, por lo que imprime un fondo sólido y natural en la forma de contar la historia. El espectador pasa de testigo a protagonista, opta por querernos llevar en un enfoque realista, recorriendo escenas que pasan del seguro amor a la confusión y distintas perspectivas, en el que como oyentes a menudo no somos conscientes de la realidad paralela que las personas que si están afectadas por una u otra de estas limitaciones y tienen que sobrellevar.
No obstante el guion tiende a alargar y repetir ciertas situaciones, y la protagonista queda un tanto limitada, al vago mundo que la rodea y los retos que afrontar, por qué queda demasiado centrada en el aspecto emocional de el miedo de una mujer a las dudas y la incertidumbre de la maternidad, y un partner en la impotencia de chocar contra un muro de sensibilidad que se ahoga.
Mirian Garlo (Ángela) perfecta en su papel ofreciendo veracidad a su complejo personaje y el desconcierto y dudas de una hija oyente. Álvaro Cervantes (Héctor) en el personaje de honestidad y cariño, pero bajo la tensión de siempre converger como pareja. El personaje del marido está muy bien situado y aporta una necesaria y contagiosa humanidad ante dar la réplica a la protagonista.
Técnicamente, la cámara sabe situarse con acierto a la altura de la mirada de los personajes, tanto sordos como oyentes, para resaltar la importancia de la comunicación visual. Busca los espacios donde se desarrolla la vida de los personajes, tanto los íntimos como los públicos, mostrando las dificultades de la comunicación y la interacción. Y no solo se limita a los aspectos visuales, sino que también incluye el sonido y la actuación para crear una experiencia cinematográfica que refleje la realidad de la comunidad sorda y sus desafíos, buscando un equilibrio entre la representación de la discapacidad y la universalidad de las emociones humanas. 
Natalia Matar
Natalia Matar

11 críticas Sigue sus publicaciones

5,0
Publicada el 7 de abril de 2025
Una joya de película.

Invita al espectador a intentar comprender cómo viven las personas sordas, a través de escenas que retratan con sutileza la perspectiva, la dinámica y la polaridad entre una persona sorda y una oyente.

La evolución de la pareja, narrada a través de los cambios y emociones que atraviesan, está retratada de forma maravillosa.

Una invitación a todos los públicos a ver esta película para abrir los ojos a la realidad de las personas sordas y fomentar una mayor comprensión y empatía hacia sus vivencias.
Christian Martínez
Christian Martínez

228 críticas Sigue sus publicaciones

4,0
Publicada el 25 de febrero de 2026
Debería aprender lenguaje de signos.

Esta película roza algo extraordinario. No es perfecta, pero sí es muy buena. La comienzo con expectativas moderadas y confieso que incluso algo prejuiciado: temía encontrarme ante un ejercicio solemne, casi mudo, más preocupado por el concepto que por el pulso narrativo. La premisa --la maternidad reciente de una mujer sorda en un entorno oyente-- me hacía imaginar una experiencia fría, distante, tal vez demasiado contemplativa.

Pero me equivoqué.

Miriam Garlo, actriz debutante, sostiene este conmovedor relato con una naturalidad que desarma. No "interpreta" la sordera: la vive. Y cuando descubrí que no era una construcción actoral sino parte de su propia vivencia, la dimensión del trabajo cobró otro espesor. Es pura verdad. Y me descubro pensando en lo que implica vivir así. En lo cotidiano convertido en desafío. En aprender lengua de signos, en leer labios, en descifrar un mundo que muchas veces no se detiene a adaptarse. La película, sin sermones, me pregunta: ¿quién se adapta a quién? Es una pregunta que llega a hacerme sentir, en parte, incómodo.

Me sorprendo también en varios momentos porque no todo es desafío y conflicto interno, sino también felicidad, ternura. Hay una sensación de cuidado real cuando el entorno responde con afectividad e inteligencia emocional ante la llegada del bebé, y en el propio trato con una persona sorda. Al menos, como se muestra en esta película. La maternidad no está tratada desde el drama fácil, sino desde lo más profundo del ser humano.

Desconecto un poco a tramos, pero no siento que la película me pierda. Me interesa todo lo que se me cuenta. Me interesa observar cómo se vive bajo esta condición. Cómo la adaptación debería ser un gesto mutuo y no una concesión unilateral.

El mundo no siempre acompaña. Aparecen también fricciones, malentendidos, esa sensación de no ser completamente tenida en cuenta y comprendida. El guion en alguna ocasión roza un poco el victimismo fácil, pero es necesario dentro del contexto narrativo. No se edulcoran las tensiones. Y valoro especialmente el abanico de actitudes que se plantea: desde la firmeza de quien lucha por ocupar su espacio en cualquier entorno, hasta la tentación de pensar que todo debería girar alrededor de uno mismo, para ser incluido. Hay matices. Y los matices siempre son importantes.

Álvaro Cervantes aporta una naturalidad que parece ajena al artificio. Su personaje no parece escrito, sino que es completamente vivido. La película también observa --con discreción y sensibilidad-- lo que implica amar a alguien cuya experiencia del mundo es distinta a la tuya. La gestión emocional, los silencios, las tensiones sí y no verbalizadas... Todo se siente orgánico.

El guion es casi impecable. En sus últimos momentos echo en falta un poco más de desarrollo, que se termine de expandir lo que ya estaba tan bien planteado. No es un tropiezo grave, pero sí un pequeño escalón que impide que la película sea completamente redonda. Aun así, la dirección de Eva Libertad convierte todo en una obra sólida, delicada y profundamente humana. No busca la lágrima fácil --y en mi caso no la consigue--, pero sí una conmoción más silenciosa. No me hace llorar; me hace pensar e incluso sentir. Y hacer sentir, a veces, pesa más que la propia perfección.

Por estas películas, es que la IA nunca podrá reemplazar a los humanos transmitiendo emociones.
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