Este largometraje es una continuación del corto homónimo dirigido por la misma directora, Eva Libertad.
Es el primer largometraje de Eva Libertad, que empezó dirigiendo un corto.
En algunos momentos claves, el diseño de sonido disminuye o suprime el audio para sumergir al espectador en la experiencia aislada de Ángela, transmitiendo sensaciones de incomunicación y soledad.
La película utiliza lenguaje de signos español integrándolo en la estética visual del filme con planos medios, profundidad de campo limpia y una composición que resalta el valor de la mirada como forma de comunicación.