Parece que para el cineasta documentalista Paolo Cognetti cada ascenso al monte que eligió como hogar hace años es una oportunidad interminable de aprendizaje y descubrimiento. Cada caminata se convierte en una experiencia introspectiva, donde la montaña actúa como maestra y espejo de sus pensamientos, sus recuerdos y su relación con la naturaleza. A veces, Cognetti se siente como un espíritu que se desplaza entre cumbres y senderos, casi invisible ante la majestuosidad del paisaje. A su lado está Laki, su fiel y anciano perro, cuyo instinto y compañía lo guían por rutas conocidas y recovecos secretos que solo él parece dominar. Juntos exploran no solo los caminos físicos de la montaña, sino también los senderos de la memoria, la soledad y la conexión profunda entre humano y animal.