Gusto culposo.
No estoy muy de acuerdo con la que se ha formado alrededor de esta adaptación de 'Cumbres borrascosas'. No me parece el desastre que la gran mayoría ha señalado. Se desvía de la literatura de Emily Brontë, pero no es una pura traición. Por supuesto que hay diferencias, algunas difíciles de justificar, pero no siento que sea una completa ruptura con el material original. Los grandes ejes emocionales siguen ahí, aunque con cambios, pero no se aleja tanto como parece.
Lo que sí me genera cierta preocupación --aunque no lo que más--, es que la película se queda a media historia del libro. La ausencia de la hija de Catherine no es un simple recorte narrativo: es acabar con la posibilidad de evolución y de consecuencia. Heathcliff no es solo un personaje que arde; es un personaje que parece controlar el tiempo a su gusto y sus anchas, contaminando todo lo que viene a partir de la mitad. Aquí no hay nada de eso. Fennell sacrifica la resonancia que tanto caracteriza la obra literaria.
Lo que más me "fastidia" es la hipersexualización. La venden como si fuera una versión de época de '50 sombras de Grey'. Ciertamente me parece un poco exagerada esa lectura, aunque tampoco se aleja demasiado de esa definición. Hay sexo pero como lenguaje principal de la relación, no como espectáculo provocativo. El problema no es la presencia de esas escenas, sino la función: sustituye toda la abstracción, todo lo emocional para centrarse en lo físico. Robbie y Elordi sostienen esa dinámica. Para muchos no hay química entre ellos, pero para mí sí. El problema es que en esta película, estos dos funcionan como un impulso sexual y no como el destino del amor y de almas inseparables. Eso cambia completamente el sentido de todo.
Los personajes secundarios son las víctimas reales de este sacrificio. Muchos quedan en niveles superficiales y con rumbos distintos. Si hubieran tenido una dirección más cercana y correcta, hubiera sido una adaptación mucho más respetada. Aun así, Isabella me gusta, porque aquí la veo más caótica, menos contenida y más desconcertante.
Muchos elogios ha recibido esta película por sus aspectos técnicos, con que se ve bonita. A mi parecer no tanto. La música, por ejemplo, no se integra; es completamente incoherente con la época reflejada y no es capaz de construir una atmósfera correcta. Los escenarios sí me gustan, pero se ven demasiado acartonados, aunque con una cualidad onírica que me encanta. Visualmente, todo está pensado como si la intención principal fuera captar la mirada y no el sentimiento del espectador, en este caso yo. Hay una búsqueda de estética clara que no queda mal tampoco, pero que no logra convencerme. La iluminación, de hecho, funciona mejor que el uso del color, que en la mayor parte del metraje no termina de comprarme ni convencerme.
E incluso con todo esto, la película me gusta. No desde la admiración, por supuesto, sino desde un lugar completamente contradictorio. Me interesa aunque falle, aunque se equivoque en cosas imperdonables. Es un claro ejemplo de gusto culposo: soy plenamente consciente de sus carencias, pero no puedo negar que hay algo en la visión de Fennell que me estimula, que me mantiene dentro, que me invita a seguir mirándola incluso cuando sé que no está funcionado como debería. Ese algo que tanto me gusta es sobre por su escenografía. Robbie y Elordi también me gustan, para qué mentir. Podrán no ser las actuaciones del año, pero también se puede disfrutar de las cosas que no están hechas para triunfar.
Entiendo perfectamente la dureza con la que se ha recibido. Es una adaptación que renuncia a demasiadas cosas importantes como para salir indemne. Pero también creo que, en ese intento fallido de reinterpretación, hay detalles que se pueden valorar positivamente y no permitir que afecten tan negativamente los errores. De hecho, conecto más con esta adaptación que con el remake de 'La novia', de Maggie Gyllenhaal.