One Mile: Chapter Two
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3,0
Publicada el 8 de agosto de 2026
One Mile: Chapter Two continúa exactamente donde parecía que iba a continuar. El final de la primera ya dejaba claro que aquello no estaba cerrado, así que esta segunda parte no sorprende demasiado en su planteamiento. ¿Más de lo mismo? Sí. Bastante. Pero también hay días en los que apetece precisamente eso: una película de acción sencilla, directa y hecha para desconectar.

Aquí ya no hay que presentar demasiado a los personajes. Danny vuelve a tener que actuar cuando Alex queda otra vez en peligro, y la película entra antes en la acción. Se pierde parte del componente emocional del primer capítulo, pero a cambio todo resulta más inmediato.

Ryan Phillippe sigue funcionando bien como héroe cansado, experimentado y bastante más terrenal que muchos protagonistas del género. No tiene la presencia de Liam Neeson en Taken, pero la comparación sigue siendo inevitable porque la saga parece buscar exactamente ese tipo de personaje: un padre con pasado militar al que no conviene tocarle a la hija.

Y a mí estas películas me funcionan. No necesito que reinventen el cine de acción. De vez en cuando apetece ver a un tipo competente entrando en un lugar lleno de gente peligrosa, preparando trampas, recibiendo golpes y devolviéndolos. Chapter Two sabe perfectamente qué película quiere ser.

Amélie Hoeferle vuelve a funcionar muy bien como Alex. Tiene más personalidad que la típica hija secuestrada que simplemente espera a que llegue el héroe y, aunque aquí la historia vuelve a colocarla en una situación demasiado parecida a la anterior, sigue teniendo presencia propia.

La trama repite mucho de la primera entrega. Hay otra persecución, otra situación de supervivencia, los mismos fanáticos y el mismo enfrentamiento básico entre Danny y la comunidad. Si se miran las dos películas seguidas, la sensación de repetición puede ser evidente.

Pero esta segunda parte intenta compensarlo dando más espacio a la propia comunidad y a sus conflictos internos. Vemos algo más de cómo viven, de las tensiones entre quienes forman parte de ella y de cómo las decisiones de su líder han terminado afectando incluso a quienes simplemente querían mantenerse apartados del mundo.

Y aquí aparece uno de los aspectos que más gracia me hacen de la película: C. Thomas Howell gana bastante protagonismo.

Su evolución cinematográfica es curiosísima. Para toda una generación siempre estará ligado a aquel chico de Rebeldes, pero con los años su carrera ha ido desplazándose hacia personajes cada vez más inquietantes, desequilibrados o directamente psicópatas. Desde apariciones como la de Mentes criminales hasta este Stanley Dixon de One Mile, parece haber encontrado una segunda vida interpretando precisamente a tipos de los que uno debería alejarse.

Aquí disfruta bastante más del personaje que en la primera. Tiene más escenas, más diálogos y más posibilidades de mostrar la obsesión de Dixon. No siempre resulta un villano especialmente temible, pero sí consigue transmitir esa mezcla de fanatismo, resentimiento y locura que necesita la historia.

En realidad, la película mejora cada vez que deja de intentar justificar demasiado sus acciones y simplemente acepta que estamos viendo un enfrentamiento entre un exmilitar muy enfadado y una comunidad de fanáticos todavía más enfadados.

Hay secuencias de acción bastante eficaces, aunque quizá menos de las que uno esperaría. Algunas trampas y enfrentamientos funcionan bien y mantienen ese estilo físico de la primera película, con peleas cercanas y violencia suficientemente contundente.

Lo que sí se nota es que la película podría haber tenido más ritmo. Hay momentos en los que Danny debería estar ya arrasando con todo y, sin embargo, la historia vuelve a detenerse para explicar cosas o introducir nuevos conflictos dentro del grupo. No siempre beneficia a una película que, en el fondo, vive de su capacidad para avanzar.

También hay situaciones bastante absurdas. Personajes que podrían resolverlo todo de manera inmediata deciden esperar, hablar o complicar innecesariamente las cosas. Pero forma parte de las reglas de este tipo de cine. Si los villanos fueran eficientes, muchas películas de acción durarían veinte minutos.

El final tampoco ofrece el gran espectáculo que parecía prometer. Después de dos películas construyendo el enfrentamiento entre Danny y Dixon, esperaba algo más contundente. La resolución funciona, pero deja cierta sensación de oportunidad desaprovechada.

Aun así, me lo he pasado bien.

One Mile: Chapter Two no mejora demasiado lo visto en la primera ni aporta una gran evolución. Es otra dosis de la misma fórmula, con Ryan Phillippe volviendo a ejercer de padre de acción y C. Thomas Howell disfrutando ahora mucho más de su condición de psicópata.

Y no siempre necesito más. Hay películas para pensar, películas para emocionarse y películas que uno pone simplemente porque quiere desconectar durante hora y media viendo cómo alguien reparte golpes en un bosque.

Esta pertenece claramente a la tercera categoría.
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