Durante un tranquilo paseo junto a su padre por el emblemático Golden Gate Park de San Francisco, la pequeña Josephine, de tan solo ocho años, se convierte en la única testigo presencial de una agresión de carácter sexual. La niña, profundamente afectada por la traumática experiencia, se muestra completamente incapaz de poner en palabras aquello que ha visto. A pesar de su silencio, su testimonio se convierte en la única prueba existente que podría permitir la inculpación del agresor.