De mover las caderas en redes a tocar el violonchelo.
Mis únicos recuerdos de Ester Expósito estaban ligados a 'Élite' y, cómo no, a aquel baile suyo que durante un tiempo se volvió tan viral. No esperaba encontrar demasiado más allá de esa imagen pública tan marcada. Comienzo la película con una curiosidad que arrastraba desde hacía tiempo y un escepticismo claro.
El resultado queda en un terreno inseguro, porque no puedo decir que me haya decepcionado profundamente, pero tampoco que me haya fascinado. Más que nada es una experiencia agradable. Se deja ver con facilidad, manteniendo un pulso correcto. Ofrece, a rasgos generales, un conjunto sólido: imagen cuidada, música que acompaña bien con la portada y que queda bien con la historia. Al menos, de base funciona.
El primer obstáculo viene con las interpretaciones. Inevitablemente, mi atención termina concentrándose en Expósito. Y no es por fanatismo ni por predisposición previa, sino porque, sencillamente, es la única actuación que consigue interesarme de verdad. El resto del reparto se me hace completamente prescindible. No son desastrosas ni ridículas, pero simplemente no me generan demasiado. Bueno, no me generan nada. Pedro Casablanc consigue que odie al personaje, eso ya para mí, es tener una interpretación decente. A otras caras las acepto sin más; no me aportan nada.
Expósito logra sujetar todo con su peso emocional, con un personaje que se mueve en un territorio dramático y psicológico que poco a poco se aproxima al trauma personal. No es una construcción perfecta tampoco, pero sí logra tener mi atención, casi siempre. Entiendo sus reacciones, sus enfados y sus preocupaciones. Hay momentos en los que soy plenamente consciente de que estoy viendo a una actriz, y aun así la actuación no se vuelve excesivamente mecánica. De hecho, considero que su actuación tiene una evolución interesante. A medida que avanza todo, el personaje gana densidad, presencia, cierta oscuridad personal que lo vuelve más atractivo. Cada escena añade una capa más, a cada una más grande e intensa que la anterior, hasta llegar al clímax, donde no se desborda ni alcanza una intensidad arrolladora, pero sí se siente más firme, más asentada que al principio. Como si el personaje necesitara tiempo para encontrar su verdadera forma.
Del resto de figurantes, al único que puedo destacar gratamente es a Pedro Casablanc. Es la excepción más cercana a un "bien, vale, correcto", pero incluso en su caso la sensación sigue definiéndose en la tibieza. No son actitudes frente a cámara mediocres en sentido técnico; simplemente no tienen esa chispa que hace que un personaje permanezca en la memoria una vez acaba todo.
Donde todo me frustra especialmente es en su historia. Porque tengo constantemente el sentimiento de que hay una idea interesante en el centro del relato, una premisa con potencial suficiente para ir mucho más lejos. Pero ese potencial nunca termina de desplegarse por completo. Me quedo con la impresión de que el guion se conforma demasiado pronto con lo que tiene entre manos.
Y no es que sea una obra pretenciosa --un poco en el fondo, sí--, pero sí deja entrever intenciones claras que nunca llegan a explotarse del todo. Echo en falta mayor desarrollo, más profundidad dramática --pero narrativa--, más riesgo. Algo que le dé un cuerpo más definido, más forma, con más contundencia.
'El talento' se queda a medio camino. Funciona, entretiene y tiene un tono coherente. También debería haber sido algo más ambicioso. Es más, me quedo todo el trayecto para ver cómo serían las conclusiones, porque verdaderamente me interesan. Y no salgo con una impresión negativa. Es correcta, agradable en momentos, y la puesta en escena no es torpe. No puedo evitar pensar que, con un poco más de implicación de guionizado, podría haber sido una obra mucho mejor de lo que es. Se deja ver, aunque no se queda conmigo.