La mejor película familiar del año. Nuestros hijos han salido encantados y nosotros nos hemos reído más que juntando todas las comedias españolas que se han estrenado éste año. 100% recomendable para ir en familia.
Pelicula malisima. No tiene ninguna gracia. El argumento muy poco sentido. No me ha gustado nada.spoiler: Pepe Viyuela no se entendria lo que decia y muy forzado sus expresiones.
Hay comedias que se apoyan en la ligereza para funcionar y otras que simplemente se abandonan a ella. Aquí ocurre lo segundo. La idea de partida podría haber dado juego, incluso algo de mala leche, pero en cuanto la película arranca queda claro que no hay intención real de apretar el tornillo. Todo se queda en una sucesión de situaciones flojas, sin ritmo ni sorpresa, que avanzan más por inercia que por convicción.
El mayor problema es el guion. No porque sea infantil —eso no sería un defecto en sí— sino porque es perezoso. Los gags se repiten, los diálogos no tienen filo y la sensación constante es que la película nunca termina de empezar. Cuando parece que va a levantar cabeza, vuelve a caer en el chascarrillo fácil y en una comedia sin pulso, como si nadie hubiera afinado nada más allá del primer borrador.
La dirección tampoco ayuda. El conjunto tiene un aire televisivo muy marcado, con una puesta en escena funcional pero desganada, sin una sola decisión que destaque. El montaje resulta errático y los efectos digitales, lejos de sumar, distraen por lo pobres que son. Todo transmite la impresión de estar hecho con prisas, sin cariño y sin una mirada clara detrás.
El reparto hace lo que puede. Hay actores con oficio y talento, pero aquí están atrapados en personajes planos, escritos con trazo grueso. Ernesto Sevilla vuelve a moverse en su zona de confort, sin aportar nada nuevo, y el resto navega entre la sobreactuación y la resignación. Solo algún detalle aislado —una presencia veterana, una música bien colocada— evita que el conjunto se hunda del todo.
Como producto familiar puede que cumpla su función con los más pequeños, pero incluso ahí se queda corta. No hay imaginación, no hay riesgo y, sobre todo, no hay humor que de verdad conecte. Es una película que se consume rápido y se olvida aún más rápido, dejando la sensación de haber perdido el tiempo… y algo de paciencia.