Opiniones sobre Fight or Flight (Sicarios en el aire)
Fight or Flight (Sicarios en el aire)
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Adolfo Garcia Gonzalez
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3,5
Publicada el 18 de octubre de 2025
No esperes un guión cuerdo, no esperes diálogos de ningún tipo porque la película lo único que garantiza es un rato muy entretenido. Tiene ritmo, acción, diálogos rápidos, humor negro y un río de sangre. Si lo anterior no te inspira, mejor ni lo intentes. A mí me ha parecido súper entretenida, y espero una segunda parte, porque hacen una buena pareja sus dos protagonistas. (Siempre y cuando el guión se aún más inverosímil).
Hay películas que no pretenden reinventar nada y, aun así, saben perfectamente cómo hacerte pasar un buen rato. Esta va exactamente por ahí. Desde muy pronto deja claro que su objetivo no es la lógica perfecta, ni la profundidad psicológica, ni construir un thriller serio y solemne: quiere meter a Josh Hartnett en un avión lleno de asesinos y ver cuánto caos puede aguantar el aparato antes de aterrizar. Y, aceptando ese juego, funciona bastante bien. Ya lo comentamos cuando la vimos: tiene muchísimo de Bullet Train, esa mezcla de violencia, humor, personajes excéntricos y acción pasada de vueltas que convierte cada encuentro en una especie de gag físico. No llega al nivel de aquella, pero comparte el mismo placer por el desmadre controlado.
Josh Hartnett es la clave. Me alegra especialmente verlo en esta etapa en la que parece haberse reencontrado con papeles que le permiten jugar más, ensuciarse, hacer el ridículo y al mismo tiempo conservar presencia de estrella. Aquí no necesita parecer invencible. Le pegan, se agota, improvisa y muchas veces sobrevive más por instinto que por superioridad. Eso le da gracia al personaje y evita convertirlo en otro clon de John Wick. Hay algo muy simpático en ver a un tipo completamente machacado seguir adelante mientras cada nuevo pasajero puede ser otro sicario. Hartnett entiende además el tono: si interpretara todo con gravedad, la película se hundiría. Su sonrisa, el cansancio y esa especie de resignación divertida sostienen gran parte del espectáculo.
La idea del avión también está muy bien aprovechada. Un espacio tan cerrado obliga a que las peleas tengan que buscar soluciones distintas: pasillos estrechos, asientos, baños, compartimentos, equipaje, cualquier cosa puede acabar convertida en arma. James Madigan rueda la acción con bastante energía y sabe que aquí la elegancia importa menos que el impacto. Hay golpes brutales, huesos que crujen, sangre y alguna ocurrencia completamente absurda. A veces parece una versión aérea y más barata de Bullet Train, sí, pero no lo digo necesariamente como insulto. Hay películas que conocen exactamente el tipo de serie B al que pertenecen y sacan partido de ello. Esta no se avergüenza de ser pulp, exagerada y un poco idiota. Mejor así.
Eso no significa que todo funcione. El guion es bastante elemental, algunos giros se ven venir y cuando intenta dar más importancia a la conspiración o a las motivaciones personales la película pierde algo de chispa. La historia importa menos que el movimiento. Hay personajes que apenas existen más allá de su función dentro de la siguiente pelea, y el tercer acto se vuelve más previsible precisamente porque ya conocemos la mecánica. También hay momentos en los que el exceso de acción acaba anestesiando un poco: si todo está permanentemente al once, cada nuevo golpe sorprende menos. Entiendo perfectamente a quienes ven en ella poco más que una sucesión de peleas ruidosas. No están inventándose el defecto. Simplemente, para mí el conjunto tiene suficiente ritmo, humor y simpatía como para que ese problema no la hunda.
También ayuda mucho la química entre Hartnett y Charithra Chandran. En una película que podría haberse limitado a ser un catálogo de mamporros, esa relación introduce algo de ligereza y humanidad. No hace falta pedirles una gran historia emocional; basta con que sus intercambios funcionen y den pequeños descansos entre una barbaridad y la siguiente. Ese equilibrio entre violencia y humor es lo que más me recuerda a Bullet Train: gente aparentemente incompatible atrapada en un medio de transporte mientras alrededor todo se va al demonio. La diferencia es que aquí hay menos estilo, menos personajes memorables y menos inventiva narrativa. Pero también cierta honestidad: nunca parece pensar que está haciendo algo más importante de lo que realmente es.
Al final, me quedo con una película de acción muy entretenida, conscientemente absurda y mejor de lo que podría sugerir su premisa. No es una obra maestra del género, ni pretende serlo. Es de esas que entran muy bien cuando lo único que quieres es ver a un actor carismático abrirse paso a golpes por una situación cada vez más ridícula. Hartnett demuestra que puede sostener perfectamente una película de acción y Madigan sabe mantener el ritmo casi hasta el final. Le sobran algunos lugares comunes, le falta la personalidad visual de sus referentes y probablemente dentro de unos años recuerde escenas sueltas más que la historia. Pero mientras dura, cumple. Y a veces eso es exactamente lo que uno le pide a una película así: que no pare, que se divierta con su propia locura y que nos arrastre con ella.