Un hombre adopta la identidad de cada una de las personas con las que mantiene una relación sentimental, apropiándose poco a poco de sus gestos, hábitos y formas de ver el mundo. Con cada nuevo encuentro, transforma su personalidad y construye una versión diferente de sí mismo. A medida que transita entre distintas vidas y emociones, emprende una singular búsqueda de identidad. Paradójicamente, solo al convertirse en otros logra acercarse a quien realmente es y descubrir su auténtica esencia.
