Olga alquila una habitación de su casa a un hombre cuya mujer está ingresada en un hospital cercano. Parece un ama¡cuerdo sencillo y temporal, hasta que Olga descubre que el inquilino ha estado escondiendo a su hijo pequeño en la habitación. La presencia del niño irrumpe en la rutina controlada por Olga y desestabiliza su aparente calma. A medida que la convivencia va avanzando, las fronteras entre lo privado y lo compartido van desapareciendo y las vidas de los tres se mezclan. Así, Olga se ve obligada a enfrentarse a un vínculo que no había previsto.