. es de esas películas que no esconden lo que son: acción directa, violenta y sin concesiones. La historia sirve solo como excusa para ver a Cyril Gane, estrella de la UFC, demostrar su potencia física en pantalla. Y aunque la trama no sorprenda, el ritmo frenético y las peleas logran que no haya espacio para el aburrimiento.
El protagonista arrastra un pasado marcado por la culpa y se ve obligado a volver a la violencia cuando aparece un nuevo conflicto que no puede ignorar. A su lado, una agente que no siempre sigue las normas aporta un contrapunto interesante, aunque la película apenas dedica tiempo a desarrollar sus motivaciones. Aquí todo se mueve rápido, con la mirada puesta en los golpes y las persecuciones.
Lo que hace funcionar a la cinta es la contundencia de sus escenas de acción. Gane no será un actor versátil, pero en el terreno físico transmite todo lo que se espera: fuerza, agilidad y presencia. Algunas secuencias, como la de la discoteca o la de la comisaría, están filmadas con una energía que recuerda a los grandes referentes del género moderno.
Eso sí, quien busque profundidad narrativa o un drama complejo no la encontrará aquí. La película apuesta por lo directo: peleas brutales, humor de alivio en momentos puntuales y una duración ajustada que juega a favor.
. es, en definitiva, un thriller de acción que cumple lo que promete. No revoluciona el género, pero ofrece justo lo que anuncia: una hora y media de violencia estilizada y entretenimiento rápido.