Unabomber
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4,0
Publicada el 27 de septiembre de 2026
La película funciona mejor cuando deja de ser un simple retrato de un criminal famoso y convierte la historia en un duelo entre obsesiones: la del joven brillante que se encierra cada vez más en su propio sistema de ideas y la de quienes intentan reconstruir, años después, la lógica que dejó detrás. Unabomber me ha gustado mucho porque no se limita a ilustrar hechos conocidos; busca una tensión psicológica constante entre inteligencia, aislamiento, resentimiento y necesidad de control.

La estructura en dos tiempos ayuda bastante. Por un lado está la formación del personaje, con la universidad, los experimentos y esa progresiva sensación de estar viendo a alguien apartarse del mundo. Por otro, la investigación, que introduce ritmo y evita que todo quede reducido a una biografía sombría. La película alterna ambas líneas con suficiente claridad y consigue que una alimente a la otra.

Jacob Tremblay está muy bien cuando transmite desajuste, rigidez y obsesión. Hay algo incómodo en su interpretación porque evita convertir al personaje en un monstruo de opereta. Resulta perturbador precisamente porque durante buena parte del metraje parece un joven inteligente, raro, herido y cada vez más encerrado en sí mismo. La película no necesita exagerarlo para que resulte inquietante.

Russell Crowe juega en otro registro. Su personaje transmite autoridad intelectual, ego y una distancia que a veces roza la pedantería. Esa presencia funciona porque encarna un tipo de poder muy distinto: el poder académico, institucional, convencido de que puede observar y clasificar a otros desde una posición superior. La película sugiere así que ciertas experiencias pueden dejar marcas profundas sin necesidad de convertirlas en una explicación única y cerrada.

Annabelle Wallis cumple bien con un personaje bastante menos agradecido. Su frialdad forma parte del diseño de la historia, pero eso hace que resulte más difícil conectar con ella. Está correctamente interpretada, aunque nunca me interesó tanto como las otras líneas principales.

Y luego está Shailene Woodley, que para mí es lo mejor de la película. Siempre me ha gustado como actriz y aquí vuelve a demostrar que puede sostener un thriller con una interpretación contenida, sin necesidad de grandes discursos ni gestos. Su personaje aporta humanidad, intuición y una energía distinta a la del resto. Frente a la rigidez de los hombres que dominan buena parte de la historia, ella introduce una mirada más directa y emocional.

Woodley consigue que la investigación importe no solo como mecanismo narrativo, sino también como experiencia humana. La película gana mucho cada vez que se centra en ella porque deja de parecer un rompecabezas histórico y se convierte en una búsqueda con desgaste, frustración y perseverancia. El cierre emocional depende en gran medida de su interpretación, y funciona precisamente porque ha ido construyendo esa tensión de forma muy medida.

Visualmente, Unabomber apuesta por una fotografía sombría y un tono muy controlado. No busca espectáculo, sino incomodidad. Los interiores, los archivos, los despachos y los espacios académicos o institucionales tienen una frialdad que encaja bien con la historia. Incluso cuando la película entra en momentos de mayor tensión, evita convertirse en un thriller de acción convencional.

También me parece un acierto que no intente hacer al personaje central simpático. Puede mostrar inteligencia, vulnerabilidad o sufrimiento sin por ello justificar lo que hace. Ese equilibrio es importante en cualquier true crime: comprender no significa absolver. La película se mueve cerca de esa frontera y, aunque a veces simplifica demasiado algunas conexiones psicológicas, no cae del todo en la glorificación.

El problema más evidente está precisamente en esa tentación de buscar una causa demasiado clara. Cuando una historia real es tan compleja, cualquier intento de unir trauma, aislamiento, ideología y violencia en una cadena perfectamente explicativa corre el riesgo de parecer demasiado cómodo. Hay momentos en los que la película parece querer resolver psicológicamente algo que probablemente sea mucho más ambiguo.

Aun así, como thriller funciona. Tiene ritmo, buenas interpretaciones y una atmósfera consistente. Y sobre todo tiene a Shailene Woodley, que termina siendo el centro emocional sin necesidad de dominar cada escena. Para mí está incluso por encima del inquietante Tremblay y del siempre imponente Crowe.

Unabomber no me parece una película perfecta ni una reconstrucción definitiva de Kaczynski, pero sí un thriller psicológico muy eficaz, serio y bastante absorbente. Me interesó la construcción del personaje, me funcionó la investigación y me gustó mucho cómo Woodley sostiene la parte más humana. De esas películas de crímenes reales que, aun simplificando algunos aspectos, consiguen mantenerte dentro hasta el final.
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