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decatur555
3 usuarios
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2,5
Publicada el 3 de agosto de 2026
Altas capacidades es una comedia española interesante, con bastante mala leche y algunas ideas muy reconocibles, aunque tampoco creo que vaya a quedarse demasiado tiempo en mi memoria. Tiene un reparto sólido, sabe muy bien a qué tipo de padres quiere atacar y, en varios momentos, acierta de lleno. El problema es que casi todos sus personajes resultan tan odiosos que la película termina generando más irritación que risa.
La historia gira alrededor de unos padres obsesionados con demostrar que cualquier dificultad de su hijo procede siempre del exterior. Si no encaja, la culpa es de sus compañeros. Si se comporta mal, el colegio no sabe tratarlo. Si alguien intenta ponerle límites, entonces no comprende sus necesidades. Todo antes que admitir que quizá el problema también esté en casa o, sencillamente, en el propio niño.
Eso es lo que más me ha cabreado. Los padres van aceptando comportamientos cada vez más difíciles sin reaccionar de verdad. Justifican, buscan excusas y convierten cualquier conflicto en una prueba de que el mundo no está preparado para entender a su hijo. La película acierta al mostrar esa ceguera y esa facilidad para trasladar siempre la responsabilidad a los demás.
Lo peor es que estos padres no resultan tan exagerados como podría parecer. Recuerdan demasiado a muchos adultos incapaces de reconocer el mal comportamiento de sus hijos. Si insultan, acosan o hacen bullying a otro niño, lo niegan, lo minimizan o buscan inmediatamente una explicación que los convierta en víctimas. Y si alguien señala lo que está ocurriendo, reaccionan ofendidos, atacan a la familia perjudicada y actúan como si la acusación fuera más grave que el comportamiento de sus propios hijos.
Ese es, para mí, uno de los blancos más acertados de la película: padres que hablan constantemente de educación, sensibilidad y bienestar infantil, pero que nunca se preguntan qué clase de personas están educando ni qué daño pueden estar causando a los demás. Se hacen los ofendidos cuando son ellos quienes llevan demasiado tiempo evitando su responsabilidad.
La etiqueta de las altas capacidades se convierte así en refugio, argumento y excusa. La película no niega que existan niños con necesidades educativas especiales, sino que observa cómo algunos adultos utilizan cualquier diagnóstico para alimentar sus inseguridades, competir con otros padres o evitar la parte más incómoda de educar: poner límites y asumir las consecuencias de lo que hacen sus hijos.
El problema es que casi todos los personajes son insoportables. La sátira necesita exagerar, pero aquí cuesta encontrar a alguien con quien conectar. Son egoístas, condescendientes, clasistas, competitivos o directamente desagradables. Esa mezquindad funciona durante un rato, aunque termina creando cierta distancia.
El personaje interpretado por Marian Álvarez es de los pocos que conserva algo de humanidad. Dentro de ese grupo de adultos obsesionados con parecer más inteligentes, más modernos o mejores padres que los demás, ella consigue transmitir algo más reconocible. También se salva la madre colombiana, que debe soportar las tonterías, la superioridad moral y las contradicciones del resto con bastante más paciencia de la que merecen.
Sus escenas están entre las mejores porque su presencia deja al descubierto el absurdo de un grupo que habla constantemente de inclusión, sensibilidad y educación mientras demuestra muy poca capacidad para escuchar a alguien diferente.
La película quiere ser una sátira sobre la educación, las aspiraciones sociales, la culpa de los padres y la forma en que algunos adultos convierten a sus hijos en una prolongación de su ego. En ese sentido, tiene ideas claras y sabe dónde quiere golpear.
Sin embargo, no me ha hecho demasiada gracia. Hay ironía, situaciones reconocibles y diálogos pensados para provocar una risa incómoda, pero muchas veces me ha generado más enfado que diversión. Puede que ese sea parte del objetivo, aunque una comedia también necesita encontrar un ritmo que permita disfrutar de su crueldad.
La dirección mantiene el tono y el reparto entiende perfectamente a estos personajes. Nadie intenta caer bien, y eso tiene mérito. Pero el resultado acaba siendo algo frío. Observamos el desastre, reconocemos comportamientos reales y entendemos la crítica, aunque cuesta implicarse emocionalmente.
Altas capacidades se puede ver y tiene bastante más intención que muchas comedias construidas únicamente alrededor de chistes fáciles. Hay una mirada crítica y una voluntad de incomodar que se agradecen. Pero tampoco me ha parecido la gran sátira que algunos han visto.
Es interesante, a ratos muy certera y suficientemente ácida, pero también repetitiva, poco divertida y poblada por personajes difíciles de soportar. Una película aceptable que señala problemas muy reales, aunque no siempre encuentre la mejor manera de convertirlos en una gran comedia.