La mañana del 24 de febrero, mi novio y yo partimos de Kiev hacia Irpin para visitar a sus padres, sin imaginar que nuestras vidas estaban a punto de cambiar para siempre. A medida que avanzaban los días, la guerra lo envolvía todo, y mi memoria, abrumada por el miedo y el trauma, comenzó a borrar la secuencia de los acontecimientos.
Solo recuerdo con certeza que, cada día, la situación se volvía más desesperada. Este relato íntimo y conmovedor captura el impacto emocional de un conflicto que rompe rutinas, recuerdos y la propia noción del tiempo.