En un Alto Tribunal donde la Ley parte del principio de “derecho a la presunción de culpabilidad” y todo es legal, pero nada legítimo. Durante el juicio, la acusada acepta su culpa por decir la verdad y pide a través de su abogado actos sexuales con el juez.
Estos actos son aceptados por el juez, al mismo tiempo que el juicio se va transformando de manera constante, y es que la acusada se convierte en abogada, el abogado en acusados y el juez en condenado. Este gran intercambio de roles se convierte una sátira de la inversión moral, los mecanismos del poder y la aplicación de la ley en nuestra sociedad.
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