Jada, una madre soltera, recibe el diagnóstico de que su hijo padece una leucemia que progresa diariamente y amenaza su vida de forma directa. El menor nació años atrás mediante un tratamiento de donación de embriones, un proceso que la mujer realizó tras un largo periodo de intentos con su antigua pareja. Debido a la gravedad de la enfermedad, el paciente necesita un trasplante de médula ósea con carácter urgente. Ante la falta de compatibilidad inmediata y la ausencia de un historial genético familiar directo, Jada inicia una búsqueda médica y legal a contrarreloj para localizar a un donante compatible, enfrentándose a dilemas sobre los límites de sus acciones para garantizar la supervivencia de su hijo.