Mala, mala, mala. Muy mala. De esas películas que parecen querer tocar un tema delicado y actual, pero que se quedan en una mezcla torpe de thriller, drama laboral y sermón final. Durante un rato parece que podría salir algo interesante, porque la premisa tiene gancho y la duda inicial funciona, pero enseguida se viene abajo.
El gran problema es que no hay pulso. La historia avanza como si estuviera arrastrando los pies, repitiendo situaciones, alargando conflictos y dando vueltas sobre una idea que no sabe desarrollar. En lugar de crear tensión o inquietud, acaba generando cansancio. Y cuando una película así no consigue ni mantener la intriga, está prácticamente muerta.
Tampoco ayuda que los personajes estén tan mal construidos. No terminan de parecer personas, sino piezas del guion colocadas para empujar el siguiente giro. Ni el conflicto profesional, ni la crisis de pareja, ni la investigación tienen la fuerza suficiente para hacer que te impliques. Todo parece más artificial de lo que debería.
Lo peor es que da la sensación de querer decir cosas importantes sobre el poder, el abuso, el juicio social y las relaciones queer, pero lo hace de una forma muy superficial y, a ratos, hasta boba. En vez de profundizar, simplifica. En vez de incomodar, sermonea. Y al final el conjunto se queda en tierra de nadie: ni thriller sólido, ni drama humano convincente, ni reflexión seria sobre nada.
La protagonista intenta sostenerlo, y hay momentos en los que se intuye la película que podría haber sido si hubiera tenido un guion mucho mejor. Pero no basta. Todo alrededor es tan débil, tan mecánico y tan poco inspirado que ni una buena presencia en pantalla consigue levantar esto.
En conjunto, me ha parecido un desastre. Una película sin tensión, sin alma y sin la inteligencia que necesitaba para tocar un tema así. No me ha gustado nada y no entiendo demasiado que haya gente que la valore positivamente.