España, años ochenta. Miguel y Alicia viven atrapados en la herida abierta que dejó la desaparición de su hijo Gabriel, ocurrida durante una noche marcada por el alcohol y el descuido. Miguel carga con una culpa que lo devora lentamente, mientras intenta sobrevivir a un pasado que no le concede perdón. Alicia, en cambio, ha levantado un muro emocional: para ella, quien murió aquella noche no fue su hijo, sino el hombre con el que compartía su vida. El matrimonio, quebrado y condenado a convivir en un duelo irreconciliable, sobrevive en una tensión constante, marcada por el silencio y el resentimiento. Muy lejos de ese abismo, Philippe, un niño francés de diez años, recorre las carreteras europeas en caravana junto a sus padres, ajeno a la tragedia que marcará su destino. Cuando los caminos de ambas familias se cruzan de forma fortuita, el encuentro activa una cadena de acontecimientos tan inquietante como irreversible. Lo que comienza como un episodio aparentemente casual se transforma en un descenso progresivo al lado más oscuro del ser humano, donde la culpa, la obsesión y la violencia se confunden, y ninguna decisión queda libre de consecuencias.
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