Cuando Rubén llega a un aislado pueblo costero del sur de Andalucía, empujado por el viento de levante y por la promesa de reencontrarse con Merche -la mujer con la que ha mantenido una relación virtual durante meses-, se encuentra con un entorno áspero y poco acogedor: puertas que no se abren, vecinos recelosos y miradas que evitan cualquier contacto. La única señal de apertura es una ventana entreabierta. Tras ella aparece Vera, la hija adolescente de Merche, quien se convierte en su único punto de conexión en aquel lugar extraño. A medida que Rubén conversa con ella, las piezas del relato que había construido sobre su pareja comienzan a desmoronarse, revelando grietas cada vez más evidentes.