A sus 32 años, David, quien se gana la vida dictando clases de música, se ve obligado a asumir la responsabilidad absoluta de Amador, su hermano mellizo que padece una discapacidad motriz severa a causa de una parálisis cerebral. Este repentino giro en su vida ocurre justo tras el fallecimiento de la progenitora de ambos. Después de haber mantenido un vínculo frío y alejado durante muchísimo tiempo, el joven docente se encuentra en una encrucijada emocional: atrapado entre el deseo de conservar su libertad individual y la total subordinación de su pariente. Ante la incertidumbre legal sobre quién asumirá la custodia definitiva de Amador, estos dos individuos, que a pesar de su sangre se sienten como completos extraños, se ven obligados a compartir el mismo techo. Para salir adelante, David y Amador deberán sanar viejas heridas, superar los conflictos históricos que los distanciaron y transformar su relación, redescubriendo su lazo afectivo para demostrar que son plenamente capaces de protegerse y apoyarse mutuamente.