Jean-François Davy relata una experiencia propia ocurrida en su infancia, en concreto en los años 60 cuando se va de excursión con su grupo de scouts.
La montaña no es solo un elemento decorativo, sino un personaje con pleno derecho en la película que además tiene un valor simbólico. El director: "Con esta subida, quise mostrar la transición de la niñez a la edad adulta, esto es por ejemplo, aprender a decir que no cuando se da una orden absurda".
La tropa a la que pertenecía Jean-Francois Davy estaba compuesta por nueve jóvenes, pero para necesidades del guion, este número se redujo a ocho. Mientras que los nombres de los chicos fueron modificados, los sobrenombres o las expresiones de la época son las mismos. El director: "valoro mucho que los jóvenes de hoy puedan identificarse con las preocupaciones de estos personajes y que sus parientes se reconozcan y se vuelvan a sumergir en esta época con mucho gusto".