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Dinero ensangrentado y la miseria del querer todo a cuesta de todos. Éste largometraje comienza de una manera bastante "inteligente" con esos escenarios salvajes y cautivadores,entre ellos vemos la decadencia del ser humano a través del dinero, famila, muerte el desamor a todo lo que no representa capital.
Es un largometraje que esta sumamente bien dirigido y con muy buenos actores en los roles principales.
Es un largometraje que esta sumamente bien dirigido y con muy buenos actores en los roles principales.
Una buena película, muchas escenas excelentes, un buen tema de fondo, fantástica recreación histórica. Quizás los secundarios y las historias paralelas quedan un poco débiles ante un protagonista faraónico.
El capital corrompe, deshumaniza, saca lo peor de las personas. En manos de un capitalista sociópata, la codicia se convierte en un arma que no deja a nadie en pie. Paul Thomas Anderson hace una cruda y estética radiografía del capitalismo más ortodoxo, que aun podemos visualizar en muchos países hoy en día. Daniel Day Lewis hace a mi parecer la mejor interpretación de su carrera al personificar al protagonista de la historia, un buscador y explotador de zonas petrolíferas, que tiene como mayor meta en la vida la acumulación de riquezas a como dé lugar. Paul Dano es otro gran complemento actoral, interpretando a un joven fanático de fe, que se vuelve un obstáculo a los deseos avasalladores de nuestro codicioso protagonista. En suma, es una obra maestra, con actuaciones, fotografía y banda sonora perfectas. Una metáfora que nos muestra al Capital como la Tercera Revolución, capaz de aplastar a la religión y los principales valores humanos.
Texas, principios del siglo XX. Una historia sobre la familia, la avaricia y la religión. Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis) se traslada a una miserable ciudad con el propósito de hacer fortuna, pero, a medida que se va enriqueciendo, sus principios y valores desaparecen y acaba dominado por la ambición. Tras encontrar un rico yacimiento de petróleo en 1902, se convierte en un acaudalado magnate. Cuando, años después, intenta apoderarse de un nuevo yacimiento, tiene que enfrentarse al predicador Eli Sunday (Paul Dano). Adaptación de la novela de Upton Sinclair "Petróleo", escrita en 1927.
Paul Thomas Anderson quiere representar lo que otros directores como Scorsese ya mencionan; Estados Unidos se contruyó a base de sangre y dinero, el sueño americano nunca existió, la tierra prometida, la de las oportunidades, la de la felicidad, la prosperidad y de la libertad, pura fachada ante lo que es una tierra llena de oportunismo y egocentrismo.
Un edificio sólido se empieza por un cimiento estable, pero los cimientos de esta tierra llevan podridos desde el principio.
P. T. Anderson acuña un estilo más clásico y pausado para contar la visión árida del nacimiento de la prosperidad, el nacimiento de un negocio lucrativo y donde el capitalismo ya empieza a dejar atisbos de egocentrismo. Daniel Day-Lewis es una metáfora de todo lo que Estados Unidos representa, una apisonadora que pasará por encima de todo lo que haga falta, sin preocuparse de los daños y sin hacerse cargo de ellos. La evolución y el dinero corrompe, al inicio era movido por la auto-superación, un esfuerzo vitalista, pero poco a poco se va corrompiendo, el odio se apodera de él, su físico se ve mermado, el amor por su hijo se va desvaneciendo, y su ambición enfermiza crece y crece, nociva y que por mucho que crea que vaya a encontrar la felicidad dentro de bolsas llenas de dinero, pero el dinero podrá llenar el vacío en una bolsa pero no en su persona.
Pero no solo critica el despotismo del capitalismo acaparador y quien no entiende de piedad si puede llenarse los bolsillos. Es bastante crítico también con la religión en su más extrema forma. Señala el fanatismo religioso como algo que destruye cerebros y capaz de convertir la fé en un espectáculo de circo, y su propósito, mantener a las masas idiotizadas, controladas y calladas. La religión no es más que un blanqueo de imagen para el capitalismo, una máscara que es arrojada cuando ya no es necesaria.
Una película que se toma su tiempo, una narrativa tremenda con un guión muy bueno. Los planos desde el primer momento ya son un espectáculo, visualmente es muy potente y con una belleza enorme. Y si es tan buena es porque no necesitas cosas excesivas ni aspavientos para contar una historia IMPRESIONANTE.
Y toca hablar del casting, Paul Dano está maravilloso, pero Daniel Day-Lewis... es impresionante, hay quien dice que se pasa de histrionico a veces, pero no deja de ser una de las mejores actuaciones del siglo.
Es un derroche de ideas, de imaginación y de talento. Paul Thomas Anderson y Daniel Day-Lewis señoras y señores. Obligatorio verla.
Paul Thomas Anderson quiere representar lo que otros directores como Scorsese ya mencionan; Estados Unidos se contruyó a base de sangre y dinero, el sueño americano nunca existió, la tierra prometida, la de las oportunidades, la de la felicidad, la prosperidad y de la libertad, pura fachada ante lo que es una tierra llena de oportunismo y egocentrismo.
Un edificio sólido se empieza por un cimiento estable, pero los cimientos de esta tierra llevan podridos desde el principio.
P. T. Anderson acuña un estilo más clásico y pausado para contar la visión árida del nacimiento de la prosperidad, el nacimiento de un negocio lucrativo y donde el capitalismo ya empieza a dejar atisbos de egocentrismo. Daniel Day-Lewis es una metáfora de todo lo que Estados Unidos representa, una apisonadora que pasará por encima de todo lo que haga falta, sin preocuparse de los daños y sin hacerse cargo de ellos. La evolución y el dinero corrompe, al inicio era movido por la auto-superación, un esfuerzo vitalista, pero poco a poco se va corrompiendo, el odio se apodera de él, su físico se ve mermado, el amor por su hijo se va desvaneciendo, y su ambición enfermiza crece y crece, nociva y que por mucho que crea que vaya a encontrar la felicidad dentro de bolsas llenas de dinero, pero el dinero podrá llenar el vacío en una bolsa pero no en su persona.
Pero no solo critica el despotismo del capitalismo acaparador y quien no entiende de piedad si puede llenarse los bolsillos. Es bastante crítico también con la religión en su más extrema forma. Señala el fanatismo religioso como algo que destruye cerebros y capaz de convertir la fé en un espectáculo de circo, y su propósito, mantener a las masas idiotizadas, controladas y calladas. La religión no es más que un blanqueo de imagen para el capitalismo, una máscara que es arrojada cuando ya no es necesaria.
Una película que se toma su tiempo, una narrativa tremenda con un guión muy bueno. Los planos desde el primer momento ya son un espectáculo, visualmente es muy potente y con una belleza enorme. Y si es tan buena es porque no necesitas cosas excesivas ni aspavientos para contar una historia IMPRESIONANTE.
Y toca hablar del casting, Paul Dano está maravilloso, pero Daniel Day-Lewis... es impresionante, hay quien dice que se pasa de histrionico a veces, pero no deja de ser una de las mejores actuaciones del siglo.
Es un derroche de ideas, de imaginación y de talento. Paul Thomas Anderson y Daniel Day-Lewis señoras y señores. Obligatorio verla.
There Will Be Blood es una absoluta obra maestra, y en mi opinión, la mejor película de Paul Thomas Anderson. He visto esta película desde su estreno en el año 2007, y sigue asombrándome a medida que pasan los años. Todo en la película es excelente, Daniel Day Lewis hace uno de los mejores papeles de su vida (puede que sea el mejor) y Paul Dano tampoco se queda tan atrás como Eli Sunday. Es una película bastante lenta y pausada, no hay nada de acción o sangriento (algo curioso debido al nombre de la película) hasta el final de la película. Me encanta la crudeza con la que la película aborda los temas del petróleo y la religión de una manera cercana. Eli siendo un falso predicador, y Daniel Plainview siendo básicamente un hombre fuera de sí, y estando totalmente loco al final de la película. No sorprende para nada que la película haya ganado mejor actor para Lewis, pero yo sinceramente creo que debió ganar la mejor película de todo el año, por mucho que me guste No Country for Old Men, creo que no le llega ni a los talones a There Will Be Blood.
En conclusión, There Will Be Blood es una obra maestra, y en mi opinión, la mejor película de los 2000, y de las mejores de la historia.
En conclusión, There Will Be Blood es una obra maestra, y en mi opinión, la mejor película de los 2000, y de las mejores de la historia.
Paul Thomas Anderson en su quinto largometraje , nos cuenta la historia incipiente de los monopolios petrolíferos a traves de la vida de Daniel Plainview, valiendose de una cinematografía al detalle como un la mayoria de sus films , Anderson nos transporta a los comienzos del siglo xx en California, en donde un minero encarnado por Daniel Day Lewis va adquiriendo una elevada fortuna a traves del monopolio de una serie de pozos petroleros, la trama de la cinta se mueve entre la extrema codicia de Plainview y el fanatismo exhacerbado de Eli Sunday interpretado por Paul Dano, quien entra en conflicto con Plainview debido a un trato hecho por su hermano Paul Sunday en el cual esta inlcuida la explotacion de un pozo ubicado en residencia Sunday.
There will be blood es una pelicula que se consagra como imprescindible al momento de tomar en cuenta cuales son las mejores peliculas de la historia.
Es imposible hablar de este film sin mencionar la legendaria actuacion del señor Daniel, sin dejar de lado a los demas actores que tambien sin excelentes como Don Paul.
Es una obra de arte que destaca sin lugar a dudas por encima de todas las peliculas mediocres que no dejan de insultar un arte tan hermoso con lo es el cine.
Es imposible hablar de este film sin mencionar la legendaria actuacion del señor Daniel, sin dejar de lado a los demas actores que tambien sin excelentes como Don Paul.
Es una obra de arte que destaca sin lugar a dudas por encima de todas las peliculas mediocres que no dejan de insultar un arte tan hermoso con lo es el cine.
Lo primero que me provocó Daniel Plainview fue rechazo. Es un hombre difícil de soportar, frío, desconfiado, agresivo y con una necesidad casi patológica de imponerse a los demás. Pero precisamente ahí está buena parte de la fuerza de Pozos de ambición: Paul Thomas Anderson no intenta que admiremos a su protagonista ni que encontremos una excusa tranquilizadora para su comportamiento. Nos obliga a convivir durante horas con alguien cuya ambición parece crecer al mismo ritmo que su incapacidad para relacionarse con otros seres humanos.
Daniel Day-Lewis hace un trabajo monumental. Hay algo casi animal en Plainview: la voz, la postura, la forma de mirar y esa sensación permanente de estar calculando cuánto puede obtener de cada persona. Puede resultar excesivo en algunos momentos, pero ese exceso también encaja con un personaje que parece vivir siempre al borde de convertirse en una caricatura de sí mismo. Su presencia domina completamente la película.
Lo más interesante es que la ambición no aparece solo como deseo de dinero. Plainview quiere vencer. El petróleo importa porque significa poder, pero lo que realmente parece moverlo es demostrar que nadie puede estar por encima de él. El éxito económico no lo tranquiliza; al contrario, parece alimentar su desprecio por el resto del mundo.
Por eso funciona tan bien su relación con Eli Sunday. No son simples adversarios. Son dos hombres obsesionados con ejercer autoridad desde lugares distintos: uno desde el dinero, la industria y la propiedad; el otro desde la religión, la comunidad y la capacidad de influir sobre los demás. Se necesitan, pero ninguno soporta reconocer poder en el otro. Cada encuentro se convierte en una batalla de egos donde importa tanto conseguir algo como humillar al contrario.
Paul Dano aguanta muy bien ese enfrentamiento. Su Eli tiene algo irritante y frágil al mismo tiempo. Frente al peso físico de Day-Lewis, él representa otro tipo de dominio, más teatral y espiritual, pero no necesariamente menos interesado. Anderson no presenta capital y religión como dos fuerzas completamente opuestas, sino como dos sistemas capaces de competir por las mismas personas y por el mismo territorio.
La película también tiene una fuerza visual enorme. Robert Elswit convierte los paisajes secos y abiertos en algo casi hostil, mientras el petróleo aparece como una promesa de riqueza que acaba ensuciándolo todo. Hay imágenes que parecen hablar por sí solas de progreso, explotación y destrucción sin necesidad de explicar demasiado.
La música de Jonny Greenwood contribuye muchísimo a esa sensación de amenaza. No acompaña de manera convencional, sino que incomoda, anticipa tensión y convierte algunos momentos en algo casi abstracto. La película se siente constantemente a punto de romperse, como si debajo de cada conversación existiera una violencia esperando salir.
Su duración se nota, y hay momentos en los que esa intensidad sostenida durante tanto tiempo puede resultar agotadora. También entiendo a quien vea cierta grandilocuencia en Day-Lewis o en la propia puesta en escena. Pero incluso cuando se excede, hay una personalidad tan fuerte detrás que resulta difícil apartar la mirada.
Lo que más me queda es la idea de un hombre que consigue cada vez más y, sin embargo, parece quedarse cada vez con menos. La riqueza no llena el vacío, la competencia no termina nunca y dominar a los demás no sustituye a tener una relación auténtica con ellos.
Pozos de ambición es oscura, incómoda y a ratos grotesca, pero también profundamente fascinante. No me emociona tanto como otras grandes películas, porque su protagonista mantiene siempre una distancia desagradable, pero precisamente esa incomodidad forma parte de su identidad. Es el retrato de una ambición que termina convirtiéndose no en una forma de éxito, sino en una forma de aislamiento.
Daniel Day-Lewis hace un trabajo monumental. Hay algo casi animal en Plainview: la voz, la postura, la forma de mirar y esa sensación permanente de estar calculando cuánto puede obtener de cada persona. Puede resultar excesivo en algunos momentos, pero ese exceso también encaja con un personaje que parece vivir siempre al borde de convertirse en una caricatura de sí mismo. Su presencia domina completamente la película.
Lo más interesante es que la ambición no aparece solo como deseo de dinero. Plainview quiere vencer. El petróleo importa porque significa poder, pero lo que realmente parece moverlo es demostrar que nadie puede estar por encima de él. El éxito económico no lo tranquiliza; al contrario, parece alimentar su desprecio por el resto del mundo.
Por eso funciona tan bien su relación con Eli Sunday. No son simples adversarios. Son dos hombres obsesionados con ejercer autoridad desde lugares distintos: uno desde el dinero, la industria y la propiedad; el otro desde la religión, la comunidad y la capacidad de influir sobre los demás. Se necesitan, pero ninguno soporta reconocer poder en el otro. Cada encuentro se convierte en una batalla de egos donde importa tanto conseguir algo como humillar al contrario.
Paul Dano aguanta muy bien ese enfrentamiento. Su Eli tiene algo irritante y frágil al mismo tiempo. Frente al peso físico de Day-Lewis, él representa otro tipo de dominio, más teatral y espiritual, pero no necesariamente menos interesado. Anderson no presenta capital y religión como dos fuerzas completamente opuestas, sino como dos sistemas capaces de competir por las mismas personas y por el mismo territorio.
La película también tiene una fuerza visual enorme. Robert Elswit convierte los paisajes secos y abiertos en algo casi hostil, mientras el petróleo aparece como una promesa de riqueza que acaba ensuciándolo todo. Hay imágenes que parecen hablar por sí solas de progreso, explotación y destrucción sin necesidad de explicar demasiado.
La música de Jonny Greenwood contribuye muchísimo a esa sensación de amenaza. No acompaña de manera convencional, sino que incomoda, anticipa tensión y convierte algunos momentos en algo casi abstracto. La película se siente constantemente a punto de romperse, como si debajo de cada conversación existiera una violencia esperando salir.
Su duración se nota, y hay momentos en los que esa intensidad sostenida durante tanto tiempo puede resultar agotadora. También entiendo a quien vea cierta grandilocuencia en Day-Lewis o en la propia puesta en escena. Pero incluso cuando se excede, hay una personalidad tan fuerte detrás que resulta difícil apartar la mirada.
Lo que más me queda es la idea de un hombre que consigue cada vez más y, sin embargo, parece quedarse cada vez con menos. La riqueza no llena el vacío, la competencia no termina nunca y dominar a los demás no sustituye a tener una relación auténtica con ellos.
Pozos de ambición es oscura, incómoda y a ratos grotesca, pero también profundamente fascinante. No me emociona tanto como otras grandes películas, porque su protagonista mantiene siempre una distancia desagradable, pero precisamente esa incomodidad forma parte de su identidad. Es el retrato de una ambición que termina convirtiéndose no en una forma de éxito, sino en una forma de aislamiento.
Hasta aquel momento, el estreno de “There will be blood”, tenía un estilo bastante definido basado en: dramas corales, personajes asqueados de la vida a los que todo les sale mal, depresivos, filosóficos y agresivos aunque no tan violentos y desalmados, como es el caso de Daniel Plainview (del que hablaré mas adelante) y un elenco habitual: John C. Reilly, Phillip Baker Hall, Julianne Moore y el grandioso Phillip Seymour Hoffman, aunque ese último siempre en papeles más secundarios hasta “The Master” pero esa es otra historia.
Pero en “Pozos de ambición” Anderson rompe esa estela que le definía para meterse de lleno en un Western crepuscular sobre el descenso a la locura y la consumición del alma relatando la historia de Daniel Plainview, un empresario sin escrúpulos y una ambición desmedida dueño de un monopolio petrolífero. Y aquí entra lo magnífico, profesional y genial que Mr. Paul Thomas Anderson, que con todo su valor y planta trajo una película que no tenía absolutamente nada que ver con lo que la audiencia pedía y, además, con una ejecución lenta y larga (2h 30min que dura el film) y que consigue crear una sublime obra maestra en la que no para de sorprenderte el hecho de que, cuando ya crees que no se puede ser más miserable, ruin y traicionero, aun queda un punto más para apretar la despreciable personalidad y actitud moral del protagonista.
Y el mérito no es solo del MAGNÍFICO guion y dirección de Anderson, sino también del, nada más y nada menos que.. el insuperable, gran y mejor actor de la historia para muchos, el encargado de llevar “el método” a limites surrealistas, el magnífico Daniel Day Lewis, que construye un personaje maquinador y obsesivo al que no le importa aplastar todo lo que se interponga en su camino y, que como era de esperar, ganó su 2º Premio de la academia, pero no el último, definiendo así esa actuación como la mejor de todos los tiempos para muchos. Larga vida a estos 2 genios del 7° arte, larga vida a Daniel Day Lewis y a Paul Thomas Anderson.
. La actuación de Paul Dano es sencillamente exquisita, como es de esperar de este gran actor, y complementa a la perfección a su co-protagonista
Pero en “Pozos de ambición” Anderson rompe esa estela que le definía para meterse de lleno en un Western crepuscular sobre el descenso a la locura y la consumición del alma relatando la historia de Daniel Plainview, un empresario sin escrúpulos y una ambición desmedida dueño de un monopolio petrolífero. Y aquí entra lo magnífico, profesional y genial que Mr. Paul Thomas Anderson, que con todo su valor y planta trajo una película que no tenía absolutamente nada que ver con lo que la audiencia pedía y, además, con una ejecución lenta y larga (2h 30min que dura el film) y que consigue crear una sublime obra maestra en la que no para de sorprenderte el hecho de que, cuando ya crees que no se puede ser más miserable, ruin y traicionero, aun queda un punto más para apretar la despreciable personalidad y actitud moral del protagonista.
Y el mérito no es solo del MAGNÍFICO guion y dirección de Anderson, sino también del, nada más y nada menos que.. el insuperable, gran y mejor actor de la historia para muchos, el encargado de llevar “el método” a limites surrealistas, el magnífico Daniel Day Lewis, que construye un personaje maquinador y obsesivo al que no le importa aplastar todo lo que se interponga en su camino y, que como era de esperar, ganó su 2º Premio de la academia, pero no el último, definiendo así esa actuación como la mejor de todos los tiempos para muchos. Larga vida a estos 2 genios del 7° arte, larga vida a Daniel Day Lewis y a Paul Thomas Anderson.
. La actuación de Paul Dano es sencillamente exquisita, como es de esperar de este gran actor, y complementa a la perfección a su co-protagonista
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