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decatur555
3 usuarios
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2,5
Publicada el 21 de agosto de 2026
El hombre sin sombra 2 tiene desde el principio todas las papeletas para salir mal. Es una secuela directa a vídeo de una película de Paul Verhoeven, llega seis años después, pierde prácticamente todo el reparto original y sustituye una producción grande por otra que desprende serie B desde muchos de sus planos.
Y se nota.
No hay que engañarse.
La primera El hombre sin sombra utilizaba un presupuesto considerable y unos efectos especiales que en 2000 eran uno de sus principales atractivos. Aquí todo es más pequeño: la historia, los escenarios, las ambiciones y hasta la presencia de Christian Slater, cuyo nombre sirve bastante más como reclamo que su aparición física en pantalla.
Pero tampoco me ha parecido el desastre que esperaba.
La película entiende bastante pronto cuáles son sus posibilidades y termina funcionando como un thriller de persecución sencillo, con conspiraciones gubernamentales, científicos, policías y un hombre invisible utilizado como arma. No tiene la mala leche de Verhoeven ni aquella idea de qué podría hacer una persona si desaparecieran las consecuencias sociales de sus actos. Aquí la invisibilidad deja de ser casi un problema moral para convertirse directamente en un recurso de acción.
Es bastante menos interesante.
Pero se deja ver.
Peter Facinelli acaba siendo el auténtico protagonista, acompañado por Laura Regan, mientras Christian Slater pasa buena parte de la película convertido, literalmente, en una voz. Puede resultar algo tramposo anunciarlo como gran estrella cuando apenas podemos verle, aunque tratándose del hombre invisible existe al menos una excusa bastante divertida para ello.
Lo que más me ha sorprendido son los efectos especiales.
Para el tipo de película que es, están bastante bien.
Mucho mejor de lo que esperaba.
Evidentemente no alcanzan el nivel de la primera, pero tampoco producen esa sensación de efecto barato que uno podría temer en una secuela destinada directamente al mercado doméstico. Objetos que se desplazan solos, cuerpos que interactúan con alguien que no vemos, líquidos, ropa, lluvia… La película encuentra continuamente pequeñas maneras de recordarnos que existe una presencia invisible en el plano.
Y casi siempre funciona.
Especialmente cuando utiliza elementos físicos para darle forma.
Ahí se nota que, aunque el presupuesto sea mucho menor, alguien se preocupó de que el concepto central siguiera teniendo cierto espectáculo visual. Incluso hay momentos bastante imaginativos en los que los efectos consiguen elevar escenas que sobre el papel no tendrían demasiado interés.
El problema es todo lo que hay alrededor.
El guion es muy básico, los diálogos tienen momentos bastante pobres y la conspiración gubernamental parece sacada directamente de uno de esos telefilmes de acción que podían encontrarse a cualquier hora de la tarde. Los personajes tampoco poseen demasiada profundidad y la película se mueve siguiendo caminos bastante previsibles.
Pero tiene ritmo suficiente.
Y eso la salva.
No se empeña en convertirse en algo que no es. Hay persecuciones, ataques, un experimento que ha salido mal y personajes intentando sobrevivir mientras descubren qué está ocurriendo. Claudio Fäh dirige todo de forma competente, sin personalidad especial pero sin hundir tampoco el material.
La comparación con Verhoeven es, naturalmente, cruel.
Aquella podía ser excesiva, desagradable e incluso absurda, pero tenía personalidad. Esta es mucho más convencional. Podría llevar otro título y probablemente nadie pensaría inmediatamente en El hombre sin sombra si no existiera la invisibilidad.
Ahí está también la sensación de secuela oportunista: aprovecha el tirón de una película conocida para vender algo mucho más pequeño.
Pero dentro de esas limitaciones, cumple.
No esperaba prácticamente nada y he encontrado una serie B razonablemente entretenida, con unos efectos especiales sorprendentemente dignos y suficiente movimiento para no hacerse pesada.
No es ni la sombra de la primera.
Pero tampoco es necesario hacer como si nunca hubiera existido.