Me dejó una sensación bastante agradable. No me parece una gran comedia de Jim Carrey ni una película especialmente original, pero sí una de esas propuestas ligeras que funcionan mejor si uno no les pide demasiada profundidad. Es pura fórmula, sí, y se le ven las costuras desde el primer minuto, pero tiene buen ritmo, un protagonista entregado, una idea sencilla y algunos momentos que hacen gracia sin necesidad de ser memorables.
La premisa es muy de comedia comercial de los dos mil: un tipo apagado, encerrado en su rutina y convertido en una especie de muerto en vida decide decir que sí a todo. A partir de ahí, la película juega con una idea bastante básica pero eficaz: abrirse al mundo puede ser liberador, pero llevar cualquier lema de autoayuda hasta el extremo también puede convertirte en un idiota funcional. No es sutil, desde luego, pero tiene un punto simpático.
Jim Carrey sostiene casi todo. Ya no está en el desmadre absoluto de sus comedias más salvajes, y quizá por eso la película funciona de otra manera. Sigue haciendo muecas, sigue tirando de cuerpo elástico, sigue teniendo ese humor físico tan suyo, pero aquí aparece algo más domesticado, más amable y menos agresivo. A ratos se nota que el material es inferior a él, pero también que su energía levanta escenas que sobre el papel no tendrían demasiada gracia.
Lo mejor es que, cuando la película deja respirar al personaje, Carl resulta más humano de lo que parecía. Su problema no es solo que diga no a todo, sino que se ha escondido del mundo para no exponerse, no sufrir y no complicarse la vida. Eso le da a la comedia una base emocional sencilla pero útil. No estamos ante una gran reflexión sobre la felicidad, pero sí ante una historia reconocible sobre el miedo a salir de la zona cómoda.
Zooey Deschanel también ayuda mucho. Su personaje es un poco la chica excéntrica de manual, con su grupo raro, sus carreras fotográficas y esa forma de mirar la vida como si todo pudiera convertirse en una aventura. Pero tiene encanto, y la química con Carrey es probablemente una de las mejores cosas de la película. Ella suaviza el mecanismo de la historia y le da un aire más luminoso. Sin esa pareja, la película sería bastante más plana.
El humor es irregular, pero funciona lo suficiente. Hay chistes muy previsibles, situaciones forzadas y momentos en los que se nota demasiado que el guion solo busca colocar a Carl en el siguiente disparate. Pero también hay escenas que tienen gracia precisamente por lo tontas que son: clases absurdas, decisiones impulsivas, encuentros incómodos, viajes improvisados y esa sensación de que el protagonista está probando la vida como quien se lanza por una cuesta sin frenos.
Entiendo las críticas que la ven como una especie de Mentiroso compulsivo reciclado, con otra premisa y menos mala leche. La estructura es parecida: un hombre atrapado por una regla cómica que altera toda su vida. Pero aquí el tono es más suave y más optimista. No busca tanto el caos como una especie de comedia romántica de transformación personal. Eso la hace menos explosiva, pero también más fácil de ver.
También es verdad que el mensaje de autoayuda está cogido con pinzas. La película juega a decir que hay que abrirse a las oportunidades, pero lo hace de una forma tan mecánica que a veces parece un anuncio motivacional. Todo se ordena demasiado bien: decir sí te lleva a aventuras, amigos, amor, éxito y descubrimientos personales. La realidad suele ser más puñetera, pero tampoco creo que la película pretenda ser un tratado serio sobre cómo vivir.
Su mayor defecto es que no arriesga. Va por el camino más cómodo, el más amable y el más predecible. Sabes hacia dónde va, sabes qué aprenderá el protagonista y sabes que el lema inicial tendrá que matizarse al final. No hay grandes sorpresas ni una mirada especialmente nueva. Es una película diseñada para gustar, pasar el rato y dejar una sonrisa, no para quedarse dando vueltas en la cabeza.
Aun así, se deja querer. Tiene algo de comedia de domingo por la tarde, de película que no cambia nada pero acompaña bien. Carrey se gana el sueldo, Zooey aporta encanto, algunos secundarios funcionan y el conjunto mantiene un tono alegre que evita que sus debilidades pesen demasiado. No es hilarante, pero sí agradable; no es brillante, pero sí suficientemente divertida.
Al final, me queda como una comedia simpática, ligera y muy de su época. Convencional, blanda y previsible, pero también amable, entretenida y con un Jim Carrey que todavía sabe convertir una premisa sencilla en algo más vivo. No diría que sea una de sus grandes películas, pero tampoco la descartaría con un no rotundo. Para verla sin demasiadas exigencias, funciona. Y en una película que va precisamente de decir que sí, eso ya tiene cierta gracia.