Isabel Coixet afirma que la idea para el personaje de Rinko Kikuchi la tuvo en Tokio durante la promoción de La vida secreta de las palabras (2005). Cuando pasaba por un mercado de pescado quiso hacerle una foto a una chica que estaba limpiando peces, pero ella se negó y Coixet empezó a imaginar las posibles razones de ese rechazo.
Después de los créditos hay una breve escena en el túnel del metro con la misteriosa persona de las plantas.