La película comienza con escena familiar en casa de Gerry desayunando, con las niñas y su mujer, para ponernos en situación, la siguiente escena es en un atasco, toda la familia en el coche y se acabó la paz, empieza la acción, el caos, coches sin control, personas golpeándose contra las ventanillas, mordiéndose unas a otras… Un arranque brutal, lleno de tensión, suspense y sobresaltos que establece el tono de emociones fuertes que nos va a deparar la película, el paso con rapidez de la nada al pánico y el colapso más absoluto.
Uno de los aciertos de Guerra mundial Z es que se aborda el tema zombi desde el punto de vista de la ciencia ficción, más que desde el terror. De hecho, yo no la calificaría como cine de terror, por varios motivos, el principal es que no es nada sangrienta, estos zombis no comen cerebros, simplemente muerden y atacan de la manera más feroz que imaginéis, pero la cámara nunca lo muestra en primeros planos, supongo que para tener una calificación por edades más favorable que permita un público más joven. Hay varios sobresaltos y sustos, pero son más bien por el efecto del 3D y de la tensión de las escenas, no porque de miedo, que no lo da, creerme.
Los zombis reaccionan al ruido, si se encuentran en un lugar tranquilo se mueven con lentitud y están como ‘ausentes’ (permitirme la expresión), pero el ruido les incita al frenesí, se mueven al unísono dirigiéndose insaciables a la fuente del sonido, mordiendo a los humanos que se encuentren por el camino, y lo harán en hordas, literalmente, de una manera tan espectacular y brutal que esas escenas se convierten en lo mejor de la película. En el tráiler puede verse el asalto de montañas de zombis (esto también es literal) a los muros de Jerusalén atraídos por cánticos religiosos, una impresionante escena de gran fuerza visual.
Otro de los momentazos de la película es uno cómico, cuando el personaje de Brad Pitt por fin da con la clave para atajar a los zombis y se para un instante para abrir una lata de Pepsi poniendo cara de “soy el puto amo”, en la sala de cine donde vi la proyección arrancó aplausos. La cinta, sin dejar de tener un ritmo trepidante, sabe cuando detenerse y dedicar tiempo a explicaciones científicas y también a varios alivios cómicos, repartidos de manera estratégica por todo el metraje, que contribuyen a que sea extremadamente entretenida.