Opiniones sobre Millennium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire
Millennium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire
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jgarciam4
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3,0
Publicada el 14 de marzo de 2010
No pienso hacer comparaciones de la saga literaria con la saga fílmica, más que nada, porque no la he leído, por lo tanto, mi critica se basa en el largometraje por si solo. Entretenido puzzle con un grupo de piezas que van acoplándose poco según se desarrolla la trama. Sin ser tan violentamente visceral como la segunda parte, esta tercera parte entretiene, y nos consigue mantener en suspense durante casi toda la duración de la misma. El trabajo de los actores es correcto. La banda sonora perfecta. Y la dirección aceptable.
La tercera entrega de 'Millennium' arranca con una de las aperturas más torpes que recuerdo en el cine reciente. La primera escena protagoniza por Niedermann (Micke Spreitz) resulta especialmente mala: una secuencia artificiosa, mal ejecutada, con una sensación constante de falsedad y evidentes errores de raccord que rompen cualquier intento de inmersión. Es un inicio que no solo da mala primera impresión, sino que es impropia del tono que la trilogía había sabido construir hasta ese momento.
'Millennium 3' es la más floja de las tres películas (sin contar la versión de Fincher), pero no es una mala película. Es un cine que claramente gustará sobre todo a los que son pacientes y toleran los ritmos pausados, narrativas densas y desarrollos a fuego lento. En mi caso, no supone un problema: me gusta ese cine y conecto perfectamente. Aun así, cierto es que es la entrega que menos me ha atrapado emocionalmente, al menos durante gran parte del metraje. Pero en ningún momento me es aburrida.
Sigue dando en el clavo con la fidelidad y con la claridad a la hora de narrar una densísima trama. Logra ordenar y hacer más entendible un relato complejo con subtramas sobredesarrolladas y personajes secundarios a tutiplén. Sin embargo, dos horas y media siguen sin ser suficientes ni siquiera a ritmo lento para abarcar todo el contenido, puesto que aunque se refleja todo no tan superficialmente, no se adentra en las profundidades del libro. Lo bueno es que lo hace sin perder la esencia, siendo una opción válida y eficaz para comprender todo correctamente sin perderse lo importante.
Noomi Rapace sigue siendo el clavo ardiente de todo esto; es el corazón de la trilogía. Su presencia no pierde magnetismo ni carisma y su capacidad para transmitir dolor, soledad, rechazo y violencia resulta sobresaliente, incluso despojada de los elementos estéticos que caracterizan su personaje. Construye a Lisbeth Salander desde lo emocional, desde lo interno y eso es lo que consigue elevar el conjunto. El resto del elenco es solvente: todos los roles importantes tienen el peso correspondiente y ninguno queda en bocetos de poco desarrollo o relegados injustamente.
La cinematografía vuelve a ocupar el margen, tal y como ya ocurría en la anterior. No es la propuesta más llamativa y estilizada, pero tampoco lo necesita. Lo fundamental es la narrativa. La fotografía, la puesta en escena, el guion y la dirección son correctos y coherentes con el tono, aunque lo innegable es lo extraño que resultan algunas escenas en su ejecución. No por falta de sentido narrativo, sino por decisiones técnicas que generan cierto desconcierto.
De sus dos horas y media de duración, sin duda, lo más interesante es el tramo final. Lo más sólido e interesante. Lo más frenético. Lo más decisivo. Un efecto que noté en paralelo con 'Oppenheimer' en su momento. El efecto se consigue con buenas interpretaciones, diálogos buenamente construidos y un pulso narrativo firme. Es en ese momento donde la película encuentra su mejor versión.
Esta película es una montaña rusa. Tiene claros altibajos: escenas que son buenas y perfectas; otras en las que habría sido bueno replantearse el resultado y rehacerlas de otra manera. No es la más redonda ni la más potente de las tres, al menos tomándola en general y no solo por partes. No traiciona tampoco el espíritu. Es una conclusión que se centra en lo importante y resume eficazmente la obra de Stieg Larsson.