Con algo de concesiones se puede ver.
Yo sabía que no iba a parecerse en mucho de la película original que rehace, 'La novia de Frankenstein', de Whale en 1935. Yo me hacía la idea de la visión tan libre que iba a aplicar Maggie Gyllenhaal a esta película. Se expande en su discurso, se vuelve más explícita en sus intenciones y se observa todo con una mirada social mucho más evidente. Esa amplitud temática, esa voluntad de decir más cosas, no equivale a una experiencia rica o profunda.
No he leído por desgracia la obra original de 'Frankenstein' porque no tengo el libro, y no puedo gastarme lo que me gustaría en lectura, así que no puedo medir con precisión hasta qué punto esta versión se aleja o se aproxima a su esencia novelística, pero sí percibo una ruptura clara con la idea que tenía en mente: esperaba una historia donde el vínculo emocional tuviera más peso, donde el romance --aunque fuese de cuento de hadas o algo trágico-- funcionara como motor principal y casi único. En cambio, lo que encuentro es un discurso político y social que eclipsa la emoción. Hay un interés absoluto en buscar una posición social más que hacer sentir. Y quizá el problema no sea la película, sino yo, que esperaba algo completamente distinto.
Ese posicionamiento se desarrolla a través del personaje de la novia, interpretada por Jessie Buckley. Todo orbita a su alrededor, y aunque comparte presencia con Christian Bale, la narrativa está claramente inclinada hacia ella. Es un desequilibrio, pero no necesariamente negativo. Es más bien una decisión coherente con la propuesta. El problema es que, a pesar de esa centralidad, su interpretación no logra sostener el peso emocional que la película --digo yo que-- necesita. Viniendo de 'Hamnet', donde encontraba matices muy trabajados, profundos y complejos, aquí la siento demasiado plana en su evolución. Siento que como su interpretación ya he visto muchos casos. No veo nada nuevo. Y Bale, por su parte, parece desdibujado, como si su personaje funcionara únicamente por narrativa y drama que como presencia individual. Ambos formalizan una relación que debería ser el corazón de todo esto --imagino--, pero que en la práctica se queda completamente eclipsada por la visión crítica que empapa toda la historia, y en una capa superficial donde no existe la sensación ni la emoción. Su amor no me alcanza. Entiendo que la finalidad de esta obra es reivindicar, no hacer sentir especialmente, pero como repito, no era precisamente lo que quería ver.
Donde todo esto intenta sacudir es en su lucha feminista. Introduce elementos de revuelta, de lucha social, de afirmación identitaria, pero esas secuencias carecen de la intensidad necesaria para hacerme sentir implicado en la causa. Pienso inevitablemente en 'Joker', no tanto por paralelismos narrativos como por la forma en la que ambas conforman la rebelión. En 'Joker' hay una progresión, una acumulación de tensión que desemboca en una explosión inevitable. Me sentía parte de todo. Aquí las manifestaciones aparecen de forma puntual prácticamente, donde sinceramente lo veo todo más estético que orgánico, como si estuvieran diseñadas para ser vistas más que para ser sentidas. No cuestiono ni mucho el fondo del mensaje, o los mensajes --la reivindicación de una identidad propia es incuestionable, y otros tantos puntos que ramifican la idea principal--, pero sí su capacidad de implicarme. No me siento dentro de esa lucha y, ese, es su principal problema.
La insistencia en la mancha negra, por ejemplo, me provoca un nerviosismo leve constante. Entiendo su valor simbólico, su función como motivo visual que se resignifica con el avance del relato, pero su eterna presencia acaba funcionando casi como una interferencia. Me mantiene alerta de alguna forma, y no precisamente en el buen sentido: más pendiente de su aparición que de lo que ese detallito quiere transmitir. Durante las dos horas me pregunto: ¿cuándo se limpiará la mancha?
A nivel visual hay una paleta cromática muy marcada, dominada por tonos anaranjados y verdosos que consiguen levantar una atmósfera particular, casi enfermiza en algunos tramos. Personalmente, no me gusta. La ambientación de los años 30 añade una capa interesante, aunque me deja con la duda de si responde a una reinterpretación consciente del contexto original o a una decisión puramente estilística.
El guion se apoya en diálogos elaborados, con un lenguaje cuidado y algo denso, y que no terminan de resultar especialmente atractivos. No es un problema de comprensión --un poco sí en el fondo al principio--, sino de impacto: entiendo lo que se dice, pero no siento la necesidad de retenerlo, de pensar en ello más allá de poder enterarme de lo que se habla. No se transforman en ideas transformadoras, que valga la redundancia.
Rítmicamente no pone de su parte tampoco: no me aburro del todo, pero no me atrapa. Avanza y entretiene mínimamente, pero se me hace larga y densa. Me concedo algo de permisividad para desconectar un poco en los momentos menos interesantes, que no son pocos.
Reconozco la intención, la voluntad y la mirada contemporánea, pero también me siento demasiado fuera de todo, sobre todo de lo esencial: la emoción. Como remake, se distancia tanto de 'La novia de Frankenstein' que casi deja de ser un remake para convertirse en algo completamente independiente. Me quedo en una posición tibia: valoro lo que intenta, rescato algunos elementos, pero no encuentro en ella una experiencia que me acompañe.