"Los Intrusos" es un destacable e interesante thriller sobrenatural sobre fantasmas y casas encantadas, dirigido por Lewis Allen y protagonizado por Ray Milland y Ruth Hussey.
Durante unas vacaciones por la costa irlandesa, los hermanos Roderick y Pamela Fitzgerald encuentran por casualidad una casona abandonada. Quedando inmediatamente prendidos de su belleza, decidirán comprarla al precio que sea a su propietario. A principios de la década de los 40s, mientras el Ciclo de Monstruos de la Universal aun dominaba las temáticas del género con algunos destacados films como "The Wolfman" (1941) de George Waggner, "The Phantom Of The Opera"(1943) de Arthur Lubin y "House Of Frankenstein" (1944) de Erle C. Kenton, surgió un breve, pero interesante ciclo de películas de temática sobrenatural, la mayoría de ellas enfocadas a géneros como la comedia, el romance y el bélico como "A Guy Named Joe" (1943) de Victor Fleming, "A Matter Of Life And Death" (1946) de Emeric Pressburger y Michael Powell, "Blithe Spirit" (1945) de David Lean y "The Ghost And Mrs. Muir" (1947), entre las cuales bien vale la pena incluir un olvidado y reivindicable thriller como "The Uninvited" (1944) dirigida por el debutante Lewis Allen, quien había ingresado a la Paramount en 1941 para en 1943 ejercer como supervisor de diálogos en "Dixie" (1943) de Eddie Sutherland y dirigir el corto propagandístico "Freedom Comes High" (1943).
Inicialmente, el productor Charles Brackett ("Sunset Boulevard", 1951), futuro ganador del Oscar al Mejor Guión en cuatro oportunidades, tenía pensado que la película fuera dirigida por el gran Alfred Hitchcock, por lo que encargó un primer borrador a Dodie Smith ("I Captured The Castle", 1948) y su antiguo colaborador Frank Partos ("Stranger On The Third Floor", 1940), con quien Brackett había trabajado. Sin embargo, Hitchcock estaba involucrado en la filmación de "Shadow Of A Doubt" (1943) y tuvo que rechazar el proyecto. En tanto, Allen se habría paso y establecía contactos en la Paramount con el agente Louis Shurr y luego Buddy DeSylva, un alto ejecutivo, que eventualmente lo llevarían a conocer a Brackett. El productor terminaría pasandole el guión a Allen, quien ya era supervisor de diálogos, para que lo viera ofreciéndole la dirección luego de revisar las modificaciones que Allen había sugerido. Uno de los méritos que más resaltan del guión basado en la novela "Uneasy Freehold" (1941) de Dorothy Macardle es, sin duda, su fluido ritmo narrativo, por un lado, y la efectiva combinación de tonos y géneros que va explorando y exponiendo, entre los que destacan su amable tono a comedia y la construcción de una progresiva atmósfera de suspenso y misterio. De esta forma, la película inicia con una complaciente secuencia de atardecer en los acantilados de la costa irlandesa y una magnética voz en off recordándonos la creencia británica de una inconsciente, pero natural convivencia de humanos y espectros. Seguido, una pareja de hermanos, deambulando por esos hermosos paisajes, se encuentran con una misteriosa y atrayente casona que, hipnotizados por su grandeza, se obsesionarán en comprar, sin saber el oscuro secreto del pasado que esconde. Una secuencia que representa toda una declaración de principios del film sobre cómo construir una historia desasosegante a partir de un hecho prácticamente cotidiano y anecdótico por la forma en que los protagonistas llegan a interesarse y adquirir la casona.
Un segundo elemento importante del guión es la lograda construcción de los personajes protagónicos y secundarios de importancia. En primer lugar, destaca la dinámica relación de los hermanos Roderick y Pamela Fitzgerald gracias a sus rápidos e inteligentes diálogos, pero evidentemente a la innegable química de sus intérpretes, los talentosos Ray Milland y Ruth Hussey. Además, el guión caracteriza al personaje de Roderick como crítico y músico, lo que le confiere, por un lado, la cuota necesaria de escepticismo que su personaje demanda y, por otro, mayores posibilidades para desarrollar una faceta más amable y sensible con su interés amoroso, la joven y bella Stella Meredith, encarnada por la cándida Gail Russell. Esto permite que el esperable hilo romántico de la trama resulte fluido y no (auto)impuesto, como en la mayoría de los melodramas de la época. Siguiendo con la estructuración de los personajes, la cinta también brilla por la participación y pertinencia de sus personajes secundarios, entre los que destacan obviamente el Comandante Beech y la ex institutriz venida a regente de sanatorio, Miss Holloway. Así, el amargado y prepotente dueño del inmueble, abuelo, por cierto, del interés amoroso de Roderick, evolucionará hacia un abuelo protector dispuesto a sacrificarse por su nieta, mientras que la ex tutora de la chica se mostrará como un verdadero demonio obsesivo y cruel dispuesto a concretar la venganza de ultratumba de su fallecida amiga. Aunque sugiere cierto nivel de lesbianismo en este último punto, la historia demuestra ser lo suficientemente flexible y dinámica como para incorporar personajes y situaciones de interés bien entrada la segunda parte de la historia, como es el desenredamiento del misterio detrás de la casona encantada, en momentos en que el guión parecía no ofrecer antagonistas activos, sino más bien espectrales y mantener y alimentar el suspenso en el desenlace, que, aunque un tanto predecible en un visionado moderno, funciona.
Un tercer elemento a destacar desde un punto de vista narrativo es la casona, no sólo en cuanto a locación (la mencionada descripción nostálgica) en donde se desarrolla la trama, sino también como personaje. Si bien el viejo inmueble no es particularmente un lugar opresivo y demoníaco, sí se convertirá en un antecedente de lo que será la clásica casona embrujada que hipnotiza e inquieta, como veremos posteriormente en la Bly House de "The Innocents" (1961) de Jack Clayton, la Hill House de "The Haunting" (1963) de Robert Wise, la Belasco House de "The Legend Of Hell House" (1973) de John Hough y la Chessman House de "The Changeling" (1980) de Peter Medak. En ese sentido, la Windward House se muestra mucho más magnética que espeluznante y en ello radica precisamente la perturbación que puede despertar. Lo que nos llevará, por cierto, a los aspectos fotográficos y plásticos del film. El magnífico diseño artístico de los alemanes Hans Dreier ("Forbidden Paradise", 1924) y Ernst Fegté ("Frenchmans Creek", 1944) para la casona Windward se combina notablemente con la gran fotografía de inspiración expresionista de Charles Lang ("The Ghost And Mrs. Muir", 1947), que le valería una de las tantas nominaciones al Oscar a la Mejor Fotografía en su carrera. La utilización especialmente inteligente de la escalera como epicentro de las escenas más sugerentes y perturbadoras, el adecuado uso de luces y sombras, el protagonismo de recursos como el viento, las llamas de las velas serpenteando y los quejumbrosos sollozos fantasmales logran una gran atmósfera de suspenso con varios momentos genuinos de horror. La película, además, cuenta con una correcta y eficiente dosis de efectos especiales para recrear a los espectros de la casona (eliminados en la versión inglesa), a cargo de Farciot Edouart ("Rosemary’s Baby", 1968) y Gordon Jennings ("The War Of The World", 1953) como también referencias al espiritismo en la secuencia de la ouija.
La banda sonora fue compuesta por el futuro ganador del Oscar Victor Young ("Around The World In 80 Days, 1957), quien supo explotar el principio de que el protagonista masculino sea crítico y compositor. La canción "Stella by Starlight" con letra de Ned Washington, se convirtió en un gran éxito comercial. Fue grabada nuevamente por Frank Sinatra en Columbia, Dick Haymes en Decca y Dennis Day en RCA. El film se rodó entre abril y junio de 1943 cerca de Fort Bragg, California. Las secuencias iniciales en la costa fueron grabadas en Elk, California. Para la pintura de Mary Meredith, se contrató a Elizabeth Russell para que posara ya que la actriz que interpretaba a su fantasma, Lynda Gray, no estaba disponible para posar. No obstante, la cinta se estrenó en Washington, D.C., el 10 de febrero de 1944, convirtiéndose en una de las películas más taquilleras del año. La crítica la destacaría por ser una de las primeras películas en tratar a los fantasmas de una forma seria en Hollywood, ya que a menudo se les había abordado desde la comedia como en "The Ghost Goes West" (1936) de René Clair y "Topper" (1937) de Norman Z. McLeod, desde la farsa como en “
"Blondie Has Servant Trouble" (1940) de Frank R. Strayer o como un subterfugio para ocultar una actividad ilegal como en "The Cat And The Canary" (1939) de Elliott Nugent y "Hold That Ghost" (1941) de Arthur Lubin.
Las actuaciones son impecables, cuenta con un funcional reparto, que además de contar con Ray Milland, Ruth Hussey y Gail Russell, incluyó al ganador del Oscar Donald Crisp como el Comandante Beech. Cornelia Otis Skinner encarna a Miss Holloway. Barbara Everest como Lizzie Flynn, el ama de llaves de los Fitzgerald. Y Alan Napier es el Dr. Scott. Entre las anécdotas más comentadas por Brackett posteriormente, vale mencionar el problemático comportamiento de la bella y joven Gail Russell durante el rodaje. Además de dejar patente su inexperencia y tener problemas con el mismo Brackett, el veterano Donald Crisp y la guionista Dodie Smith, comenzó a dar muestras de su dependencia del alcohol, que la llevarían a la muerte a la temprana edad de 37 años. Como curiosidad apuntar (posterior al estreno en cines), "The Screen Guild Theatre" transmitió una adaptación de radio de 30 minutos en agosto del mismo año con Ray Milland y Ruth Hussey repitiendo sus papeles.
En definitiva, un destacable e interesante thriller sobrenatural con una más que atrayente historia de asesinatos y venganzas, ritmo fluido, diálogos ágiles, buenas actuaciones y una eficiente puesta en escena. Su tono amable no elude el estremecimiento, su ambiente crepuscular no deja de lado la sonrisa. El resultado es una película de gran sencillez y elegancia, de una belleza quizá esquiva pero fácil de encontrar si uno se detiene a mirar por entre los recovecos de su melodramático desenlace, tan hipnótica como esas olas que baten incansables y eternas sobre un acantilado barrido por el viento.
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